Las MAC píldoras

Los medicamentos caros son mucho más caros en este país. Un informe específico demuestra que cuando las obras sociales argentinas sostienen tratamientos de pacientes críticos de enfermedades degenerativas, pagan precios exorbitantes a nivel internacional. Culpa de los remedios MAC.

No hablamos de cosas que uno compra cuando quiere y si quiere; no son hamburguesas o trajes. Los MAC son medicamentos carísimos que sólo consumen personas afectadas por enfermedades raras y muy costosas de tratar.

Porque, aunque no las veamos a diario, hay patologías que no sólo causan malestar y tristeza, no sólo dolor y complicaciones familiares, sino que además generan pobreza. Son las llamadas enfermedades catastróficas.

Este semanario se ocupó extensamente de dar detalles sobre la necesidad de una rápida intervención del Estado para crear un fondo específico y universal que responda por los pacientes de enfermedades gravísimas, de baja incidencia, pero de tratamientos tan costosos que son imposibles de afrontar por una familia. La Argentina por primera vez se ha planteado la necesidad de crear un fondo con estos fines, para que el paciente –que ya tiene el problema de estar enfermo- no se convierta además en un menesteroso obligado a golpear puertas, hasta que un funcionario colabore con su medicación costosísima o la de su familiar.

Obviamente, y como siempre sucede, algunos sectores han encontrado en este proyecto una especie de enfrentamiento con los gremios, que podrían ver afectado el monto de dinero que se otorga a las obras sociales sindicales, aunque ellas jamás han podido hacerse cargo de las enfermedades complejas de manera eficiente.

Pero la Argentina no es la única en enfrentar este problema. En la actualidad, varios países ya lo han resuelto, pues lo han considerado una prioridad. Uruguay, por ejemplo, ha creado un Fondo Nacional de Recursos, que es público pero no estatal, y que funciona bajo la supervisión de un cuerpo colegiado en el cual están representadas todas las partes interesadas, para garantizar la trasparencia en la administración de los recursos.

El Fondo brinda una atención integral del paciente desde el momento del diagnóstico, con una auditoría médica permanente que otorga incluso tranquilidad al paciente y su familia, respecto de los tratamientos aplicados.

Por supuesto que no se trata de un problema económico, sino de voluntad política y de necesaria trasparencia en el destino que se da a los fondos del erario público, por ejemplo en la compra de medicamentos.

En la actualidad, el sistema es no solamente ineficiente sino además muy caro, ya que la atención de las enfermedades complejas se canaliza a través del APE, Administrador de Programas Específicos del Ministerio de Salud de la Nación, que reembolsa a las obras sociales los gastos que ha causado la atención de afiliados que sufren estas enfermedades. Pero por supuesto, los costos que se pagan son muy superiores a los que podrían conseguirse si la atención se realizara a través de un único contratista que efectuara una compra centralizada. Es necesario considerar que el 80% del costo que implica la atención de enfermedades complejas corresponde a la medicación.

Monopolios

Claro que no a todos les convendrá la solución, porque hay también funcionarios que ahora están felices de la vida de que por sus manos pase el dinero de los reintegros, que llega tarde o nunca. Ellos son los que no quieren que los caminos se acorten, porque pierden el peaje.

Pero por su parte, la implementación de un fondo universal significaría para los gremios librarse de un serio dolor de cabeza. Se dice que muchas obras sociales gastan el 30% de sus fondos en la atención de un puñado de pacientes con enfermedades muy complejas. Y puede ser.

De hecho, una encuesta realizada por el Ministerio de Salud de la Nación pudo confirmar que un 6% de los hogares argentinos alberga al menos un paciente de enfermedades catastróficas, en general incurables.

Un experto en cuestiones de salud, Federico Tobar, ha elaborado un preciso informe que demuestra que la Argentina es el sitio donde los medicamentos que se utilizan para la atención de enfermedades catastróficas cuestan más dinero. Son los llamados medicamentos MAC, medicamentos de alto costo: un conjunto de productos nuevos de producción monopólica, que representan una porción cada vez mayor del gasto en salud de la Argentina.

Los medicamentos MAC son, en su mayoría, biotecnológicos, según indicó Federico Tobar en una entrevista exclusiva concedida a la 99.9, ya que no provienen de una síntesis química sino que en su fabricación intervienen células animales.

Tobar sabe de lo que habla: fue jefe de gabinete del Ministerio de Salud de la Argentina, donde formuló el programa de emergencia sanitaria entre 2002 y 2003. También fue coordinador general del programa de reforma de la atención primaria de la salud (PROAPS), donde formuló e implementó el programa Remediar. Fue docente del Instituto de Desarrollo Social (INDES) del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) en Washington, y profesor de diversos cursos de postgrado en Argentina, Brasil, Uruguay, Paraguay y Guatemala. Además, fue coordinador del programa de investigación aplicada de la fundación de salud, donde participó y coordinó más de veinte proyectos en las áreas de gestión y financiamiento de servicios sociales y de salud.

Por eso estaba en condiciones de elaborar este informe, en el que comprobó que durante los últimos años, el gasto que generaron los MAC registró un incremento del 60% anual, muy por encima del aumento registrado en el monto total de los gastos de salud.

El informe indica que, si bien el costo de los medicamentos crece en todo el mundo, en este país lo hace a un ritmo mayor: los precios aquí registrados son muy superiores a los internacionales. La cuestión es por qué.

Por un lado, hay muy baja competencia, ya que son productos que provienen de un único fabricante, y no se venden en farmacias sino a través de droguerías especializadas. El paciente no los compra, sino que son las obras sociales las que deben pagar estos costos a valores que no pueden modificar ni mejorar a través de ningún proceso de selección de precios.

En el informe mencionado se incluyeron doce MAC que involucran 19 marcas comerciales. Su valor comercial se comparó con el que se paga en cuatro países del Cono Sur: Brasil, Chile Uruguay y Paraguay, y con dos europeos, España e Inglaterra. Los resultados son contundentes: en ningún caso Argentina presenta un precio más barato. Lejos de eso, nuestros precios son en algunos casos el doble que el registrado en otros países.

La conclusión es que si los financiadores de salud de la Argentina, o el mismo Estado, en su función financiadora, pudieran comprar a valores más baratos, podrían ahorrar hasta un 64% de lo que hoy gastan en MAC.

Soluciones

Comprar un envase de cada uno de esos medicamentos que integran la canasta básica de los MAC cuesta en Argentina $448.692. Si los financiadores pudieran comprar los mismos productos en el país que los vende a menor precio, gastarían $161.855: esto es un 64% menos.

Federico Tobar indicó que los altos precios que se pagan en este país no dependen exclusivamente de la industria farmacéutica, sino que intervienen una multiplicidad de factores. Pero en su informe indicó algunos caminos para que la Argentina pueda mejorar los accesos a estos MAC a menores costos.

Claro que lo ideal sería aumentar la competencia de los proveedores, lo cual no es posible, porque en la mayoría de los casos se trata de productos innovadores, por lo general monopólicos, es decir producidos por un único laboratorio y protegidos por patentes. Pero sí sería factible tomar medidas respecto de los demás factores que intervienen en el control de estos precios.

En Inglaterra, España y Brasil, los precios de estos medicamentos están regulados, porque es el Estado el que los compra. Por lo tanto, puede fijar un precio. Brasil, por ejemplo, tiene una resolución que determina que toda compra desde el Estado debe obtener un descuento de al menos el 24,69% sobre el precio de salida del laboratorio.

Si se observa el caso de Uruguay, que también cuenta con un fondo universal para la compra y provisión de medicamentos MAC para enfermedades catastróficas, el Estado realiza subastas electrónicas invertidas, que le han permitido un ahorro del 38%.

En la Argentina, indica Tobar, se debería comenzar por gestionar una exención impositiva al ingresar los remedios al país, ya que no son bienes de consumo: “nadie los compra porque quiere, como si fueran un coche o un reloj”. Podría además autorizarse la realización de importaciones paralelas, para comprar estos medicamentos a los países que los comercializan a precios muy inferiores a los vigentes en el país. Este tipo de medidas han sido ampliamente utilizadas en Europa, y recientemente las ha implementado Colombia.

Es decir que sólo se trata de ponerse a trabajar. Y que los funcionarios cuya competencia incluye gestionar el franco mejoramiento de la salud de la población comprendan que no se trata únicamente de deslindar la responsabilidad, ni de que la justicia intime a las obras sociales a cubrir los tratamientos. También hay que buscar las formas de que estas entidades, o el APE, que responderá por los recursos, puedan realmente hacer frente al gasto. Si hay pacientes cuyos tratamientos cuestan en la actualidad 400.000 dólares al año, una obra social que cubre diez de estos casos es también llevada a la catástrofe hasta que reciba ese reintegro. Porque es un monto imposible de sostener.

“Que hoy haya más pacientes con cáncer”, indica Tobar, “no es un retroceso: implica que esas personas no han muerto treinta años antes de otras enfermedades menores, como sucedía hace años”.

Por eso las enfermedades catastróficas están en franco crecimiento. Y es necesario que el Estado tome de una vez cartas en el asunto, para que más allá de quien pague, los recursos de salud dejen de dilapidarse.

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