Mientras se espera por estas horas la aprobación del Concejo al decreto del intendente que pone fin al contrato con la firma capitalina, ya se empiezan a perfilar los nuevos rasgos que exhibirá el sistema en las próximas semanas.
De este modo finalizaría una tormentosa relación de cuatro años, marcada por una sucesión de conflictos económicos y operativos que desembocaron en una crisis inédita en la historia del transporte público local.
Si bien no es definitiva en términos técnicos, la búsqueda de aprobación de los concejales para respaldar el decreto del Ejecutivo contiene un fuerte valor simbólico.
Es que un eventual apoyo unánime de las bancadas del PJ-Frente para la Victoria, Integración Ciudadana, la Unión Cívica Radical, Unión-Pro, Unión Celeste y Blanco y el Frente Amplio Progresista determinaría que se trata de una medida con alcances de política de Estado, categórica e irreversible.
Una vez definida la postura que asumirá el cuerpo legislativo --algo que se espera para estas horas-- deberá ser el municipio quien oficialice la cancelación ante los representantes legales de la firma capitalina.
Cumplido ese requisito formal, comenzará una etapa que podría denominarse como de transición, en la cual funcionarios y ediles terminarán de bosquejar el perfil 2012 del servicio de colectivos bahienses.
La inquietud --pero, sobre todo, el apuro-- tiene dos fundamentos básicos: Plaza y su empresa apéndice Mayo no sólo manejan 12 de las 16 líneas que circulan por la ciudad, lo que equivale al 75% de la oferta disponible, sino que restan apenas 15 días para el comienzo del ciclo lectivo 2012, una fecha que suele considerarse como el punto de largada para la época con mayor demanda anual de usuarios.
Anticipándose a estas inquietudes operativas, el secretario de Gobierno, Fabián Lliteras, presentó la semana pasada una serie de propuestas elaboradas por la Dirección de Transporte para encarar los primeros meses de la nueva etapa con la menor cantidad de inconvenientes para los pasajeros.
La modificación de varias de las trazas actuales, evitando la superposición de las mismas; la disminución de 1,1 millón de kilómetros recorridos por año, con el foco puesto sobre las calles de tierra; la fusión de seis líneas, dando lugar a la creación de las denominadas 503-518, 505-506 y 509-516; y la reducción del promedio de las frecuencias, pasando de 14,4 minutos a 12,7 de espera, son algunos de los principales puntos sugeridos.
La actualización del cuadro tarifario, la posible incorporación al Sistema Unico de Boleto Electrónico (SUBE), la situación laboral de los choferes, mecánicos y administrativos, y el estado del material rodante disponible, son otros de los ítems que figuran en las carpetas oficiales.
Por lo pronto fue el propio intendente quien señaló que existe la posibilidad de comprar nuevas unidades, más modernas y funcionales que las existentes.
"Tenemos una autorización de un fideicomiso de 25 millones de pesos aprobados por el Concejo que podríamos destinar a eso, además de algunas operatorias crediticias con el Banco de la Nación", precisó Bevilacqua ante una consulta de este diario.
También se analizará la posibilidad de que Rastreador Fournier, la compañía bahiense que tiene a su cargo las cuatro líneas restantes, incopore algunas más a su prestación, acentuando el renovado perfil localista que se le quiere imprimir al sistema. Claro que todo dependerá del valor del pasaje, una vieja demanda postergada de la empresa de la familia Rodríguez.
Da la impresión de que la historia del Grupo Plaza comienza a transitar su último capítulo, en medio de una fuerte expectativa política y mediática. Todo esto, claro, sin mencionar a los casi 27 millones de pasajeros que utilizan el servicio cada año. Para ellos se trata de mucho más.

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