Desde bien temprano, pueden alquilarse kartings, darse vueltas en la calesita o practicarse deportes extremos en las renovadas pistas de skate. Además, hay juegos inclusivos y un puesto de pochoclos, como no podía faltar
Sin embargo, quienes prefieran economizar la jornada y entretener a los suyos por unos pocos pesos, pueden dirigirse, sin escalas, a la tradicional Plaza Mitre, que ocupa las cuatro manzanas comprendidas entre las calles Colón, Falucho, San Luis e Hipólito Yrigoyen.
De hecho, este martes, y dada la poca estabilidad climática que reinó sobre la ciudad, muchos fueron los marplatenses y turistas que optaron por alquilar karting o bicicletas, dar vueltas en la calesita, practicar deportes extremos en las renovadas pistas de skate, o merendar con pochoclos, copos y garrapiñadas, salteando de tanto en tanto algún que otro mate entre amigos y familiares.
Una de las opciones más elegidas por los chicos y grandes que se acercan a disfrutar de los atractivos de la plaza es la que ofrece la histórica bicicletería “Madrid”, que en noviembre de este año festejará su 60 aniversario. Carmen, la nieta del fundador, contó a El Atlántico que los días sin playa “el trabajo mejora muchísimo” y familias enteras “se acercan a alquilar móviles”.
La media hora de karting convencional cuesta $10, al igual que las bicis. El rodado doble sale $20 y los vehículos a tracción a sangre para adultos, $15. “Los grandes siempre aprovechan, porque se sienten justificados, a regresar a la infancia. Traen a los hijos y se alquilan uno. Se van más contento ellos que los chicos”, se ríe Carmen, que junto a su madre permanece de 9 a 21 alquilando los cochecitos que su padre y abuelo fabricaron de manera artesanal. Quienes deseen dar una vuelta de media hora por el parque no tienen más que dejar una identificación a cambio de un móvil.
Unos metros más allá de “Madrid” gira, incesante, la tradicional calesita de Plaza Mitre. Hace 30 años que José Antonio, un hombre canoso y simpático, abre las rejas a las 9 o 10 y cierra con candado entre las 21 y las 23, dependiendo del clima y la fecha.
El boleto de unas de las pocas calesitas no carrousel que quedan en la ciudad cuesta $3 y dura unos 5 minutos. La sortija sigue siendo el mayor desafío. Ayer, y gracias a Rodrigo, de 4 años, la familia Ferreyra le ganó a “Don José” una segunda vuelta.
Muchos de esos mismos niños que antes pedían por la calesita, hoy se mueven solos por el parque y optan, aunque no en todos los casos, por practicar junto a sus amigos la disciplina del skate o de la “bike”. Guillermo y Juan, un porteño y un marplatense de 17 años, comentaron que todas las tardes visitan el complejo de “transiciones” que funciona en “La Mitre” y que hace algunos meses fue ampliado y mejorado por el Municipio.
Ambos contaron que eligen esa plaza porque “desde muy chicos” la recorren. “Acá están nuestros amigos y nuestros viejos están tranquilos porque conocen el lugar. Además, las primeras prácticas de bike las dimos en La Mitre”, confió Guillermo, montado a una bicicleta minúscula en proporción a su robusto cuerpo.
A la recreación de la calesita, los kartings y la pista, la completan un montón de juegos de plaza: subibaja, tobogán, tateti y hamacas. Los entretenimientos para niños con problemas motrices, que se ensamblan en una de las cuatro manzanas del parque, convierten a la plaza en un espacio inclusivo e integrador. Los camiones sanitarios de Provincia y Nación ofrecen, sobre Mitre, atenciones primarias de la salud.
Por último, y como no podía faltar, en el corazón del parque se ubica Analía, la pochoclera desde hace 20 años. A la bolsita de “pororos” la vende a $6, mientras que a la garrapiñada, muy elegida por los adultos, la ofrece a $5. El tradicional copón rosa o blanco cuesta $6, y los “chuflitos de colores” $2 menos.
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