El vocero de la firma confirmó que están con un pie afuera. Anticipó que un eventual fracaso en las negociaciones del martes próximo con la comuna desembocaría en una inmediata rescisión del contrato. La empresa exige una reformulación integral del sistema de colectivos urbanos. Según aseguró, el servicio en nuestra ciudad le genera una pérdida cercana al millón de pesos mensuales.
"Tendremos una reunión con la gente del municipio, para conocer qué respuesta tiene a las propuestas que hicimos para cambiar y mejorar el sistema, porque creemos que hay muchas cuestiones para resolver. No es que el martes nos iremos de Bahía, pero si no obtenemos una resolución concreta, si no hay modificaciones y si no aparece la plata que falta en el sistema, una de las medidas posibles es que pidamos y presentemos la rescisión de contrato ese mismo día", afirmó.
De este modo, Gago anticipó cuál será el tono de la firma capitalina durante la reunión que mantendrán Marcos Videla, gerente de Plaza, y Maximiliano Alejos, representante legal del Grupo, con el intendente Gustavo Bevilacqua y los miembros de su gabinete.
"No solamente esperamos una respuesta en cuanto a lo económico, también queremos una solución para optimizar el sistema. Porque, tal como está diseñado hoy y con las condiciones en que pretenden que trabajemos, es deficitario", subrayó.
"En ese sentido hemos propuesto juntar recorridos de líneas que van por calles paralelas, a pocas cuadras de distancia entre sí, y evitar las calles de tierra. De esa manera se optimizaría el sistema y podríamos mejorar las frecuencias actuales. Hace tiempo que pedimos una respuesta y no la tenemos", dijo.
"Además estamos perdiendo mucha plata, alrededor de un millón de pesos mensuales. Ya hemos dialogado con el municipio al respecto y por eso queremos una respuesta en la reunión. El límite para las negociaciones será el mismo martes, porque consideramos que hubo tiempo suficiente para el diálogo. Lo que ahora queremos son respuestas. Si no obtenemos una contestación favorable a todos nuestros pedidos, presentaremos la rescisión", confirmó Gago.
"Esto no implicaría que Plaza abandone inmediatamente Bahía Blanca, sino que le daríamos un plazo de 60 días al municipio como para que puedan encontrar alguna alternativa para resolver su sistema de transporte", indicó.
Al ser consultado sobre qué pasaría con las unidades que se encuentran en la ciudad, una vez cumplida esa transición de dos meses, el representante de Plaza deslizó que "eso dependerá un poco de cómo sean las negociaciones".
¿Y después, qué? Según lo que pudo averiguar "La Nueva Provincia" , en caso de que una empresa de transporte público se retire del servicio por su propia voluntad, la comuna estaría habilitada a emplear una ley provincial por la cual podría confiscar todas las unidades de la firma saliente --abonando por ellas una indeminzación a precio de mercado-- como una forma de asegurar la estabilidad inmediata del sistema para todos los usuarios.
Del otro lado. Consultadas por las advertencias de la firma, fuentes comunales aseguraron que "sobre hipótesis no queremos contestar" y agregaron que "lo único que tenemos confirmado es que la semana próxima tendremos una reunión con Plaza por los problemas del transporte y la falta de eficiencia en el sistema. Nuestra única preocupación es cuidar al ciudadano bahiense y preservarle su derecho al transporte".
Enfoque
Así, se bajan ellos o nos bajamos nosotros
Parece que el Grupo Plaza, de nuevo, vuelve a poner el pie en el acelerador para irse de Bahía Blanca.
Su tránsito por la historia bahiense nació el martes 1 de enero de 2008, a las 7 en punto, con el objetivo de liderar gran parte del sistema de transporte público de pasajeros. Y por diez años.
Había que sortear baches, pozos y conflictos.
Se debatieron los recorridos, el sistema Tarjebus, la pavimentación de algunas calles de tierra, las frecuencias horarias y el precio de los boletos. Y en el medio, el usuario, desencantado. Harto.
Convengamos que, de entrada, aquellos imponentes colectivos rojos --hoy ya con su pintura quemada y polvorienta-- nos hicieron ilusionar con que algo iba a cambiar. Que ir en "cole" no iba a ser una prueba tan artera a nuestra autoestima, paciencia y estado de ánimo. Pero no. Nos equivocamos. Todos. Y obviamente, quienes apostaron por esta empresa.
En una reunión efectuada en la Universidad Nacional del Sur, poco antes de las últimas elecciones primarias, los candidatos y precandidatos a la intendencia expusieron sus principales postulados. Y señalaron, entre los objetivos básicos a resolver, la normalización del servicio.
En todos los casos (no participó Cristian Breitenstein), se mencionó como prioridad dicha cuestión.
Por entonces, los usuarios ya no toleraban más tantas modificaciones a partir de la desaparición de algunas compañías y la incorporación de otras, a fin de dar forma al actual esquema.
Se llevaron a cabo verificaciones sobre los horarios, los recorridos y el estado de los vehículos. Y quedó claro que las molestias por el incumplimiento de las frecuencias y la deficiente conservación de algunas unidades no mermaban. Iban en claro aumento. Un escenario insoportable.
Con la presencia habitual en nuestras calles de unidades que, de pronto, plantaban su recorrido por inconvenientes mecánicos de diverso tipo. Más claro: el parque automotor de Plaza no guardó nunca el nivel de eficiencia que se le prometió al ciudadano bahiense.
Que las calles de tierra abundan, es cierto. Y no de ahora. Se trata de un paisaje inapropiado para el normal funcionamiento del servicio. Pero ni siquiera ello justifica tanta desidia y maltrato al usuario.
Llegó la hora, pues, de que tanto las autoridades como las empresas --ésta o las que vengan-- se pongan a la altura de una ciudad con ínfulas de crecimiento. En serio. Y se garantice, de una buena vez, un servicio vital para gran parte de la población.
Tal cual se prometió.
Una y otra vez.


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