Por Ricardo RoaNo es que Schoklender se haga cada día más rico: lo que pasa es que todo el tiempo se descubre algo más de lo que tiene.
Hay algo extraño en su conducta y no le viene de su terrible pasado. Dice cosas que inmediatamente son desmentidas por los hechos , como que no tiene ninguna empresa. O que hizo dinero vendiendo tecnología con patentes que nunca registró ¿Alguien puede creer que él solo fue capaz de inventar nuevas tecnologías para la construcción? Parece un insulto a la inteligencia.
Y encima sostiene que podría tener otras cosas cuando en realidad ya las tiene , como la Ferrari o el barco. Allí hay un problema psicológico. Pero la cuestión es otra: cómo pudo enriquecerse de esa manera , aunque ejemplos así no faltan en el Gobierno.
Hebe de Bonafini explicó que el ex apoderado de las Madres quería convertir a la Fundación en una empresa.
Es obvio que lo consiguió: la facturación creció 45 veces en los últimos cuatro años, es la segunda constructora del país en cantidad de trabajadores, sólo superada por Techint y participa en más de 5600 viviendas. Hasta las exportan a Uruguay. Y además tiene, entre otras cosas, un radio y una universidad propias.
Todo financiado con dinero del Estado.
Schoklender pudo hacer lo que hizo porque nadie controló. Uno de ellos es el ministro De Vido, que les transfiere a las Madres fondos para obras públicas y que ayer mandó al juzgado de urgencia un changuito cargado de carpetas. Y otro que apareció bien tarde, cuando el escándalo ya había estallado, fue Sbatella: recibió una denuncia hace más de un año, no hizo nada y de pronto envió cuatro mil folios a la Justicia.
La ruta de toda la plata tiene un punto de partida: el Gobierno . Y como dice Pérez Esquivel, la plata oficial es incompatible con la defensa imparcial de los derechos humanos.

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