El Día logró acceder al expediente que fue aprobado por el Fondo Fiduciario Federal que financia la obra. Allí figura la construcción de un barrio en un predio de más de 80 hectáreas que se pretende construir en plena isla.
Arrasar con la naturaleza
Lo que se propuso como un proyecto natural, de preservación del ambiente y el ecosistema, avanza sin miramientos sobre la naturaleza arrasando uno de los pocos humedales con que cuenta Entre Ríos. El primer foco de alerta fue la tala indiscriminada de árboles autóctonos en una superficie de más de 100 hectáreas que fueron raleadas por las topadoras de Pietroboni. Bastante más que los “50 árboles” que Raffo anunciaba que iban a verse afectados.
El paso siguiente fue avanzar sobre la laguna interior de la Isla del Puerto, que conformaba uno de los últimos humedales que quedan en Entre Ríos, protegido especialmente por la legislación ambiental. A fuerza de la draga y toneladas de material calcáreo, la laguna se fue tapando al punto de desaparecer bajo una gran montaña de arena. Y Raffo mantuvo silencio también en esta oportunidad.
Disimular, disimular
Bajo la gran promesa de “poner la ciudad de cara al río”, empresarios y funcionarios fueron pactando semana a semana, mes a mes, el avance definitivo de los procesos de urbanización sobre un Área Natural Protegida. Para evitar el impacto visual que implica arribar a una isla plagada de fauna autóctona y los verdes más diversos de nuestra vegetación, se mantuvo (aún hoy persiste) en pie una fila de árboles sobre la costa de toda la isla que impide acceder al espeluznante espectáculo que implica constatar la desaparición definitiva de ese hábitat con el que nos criamos todos los que hemos vivido en Concepción del Uruguay.
Apenas una estrategia de disimulo, para evitar que aquellas imágenes que difundió inicialmente El Día, donde mostraban todo el territorio arrasado por máquinas y cemento, tuvieran su correlato en la realidad.
Un barrio “vip”
Las imágenes simuladas por Incociv, la consultora contratada por Lemiro Pietroboni para desarrollar el proyecto de la isla, adelantaba todo lo que está ocurriendo y más, de lo que aún poco se conoce. Basta revisar las vistas propuestas por la consultora para constatar que desde la orilla este (frente a Cambacuá) puede verse claramente las instalaciones del Puerto, al otro lado de la Isla, sin ninguna vegetación que se interponga en el camino.
Pero hay más: porque lo que muchos sospecharon desde un principio, lentamente cobra sentido: la millonaria inversión pública (que hubiera servido para solucionar varios de los temas más delicados que afronta la ciudad) se erige como excusa para avanzar en negocios privados que pretenden convertir la Isla en un polo turístico con construcciones urbanas, calles, tendido eléctrico y servicios, todo lo contrario de la Reserva Natural que Fernando Raffo había prometido defender en este proyecto. Se trata, en definitiva, de una gran burla a la comunidad de Concepción del Uruguay que deberá seguir de cerca este emprendimiento para que ningún empresario privado (ni sus testaferros) se aprovechen del enorme gasto estatal para explotar en la isla una suerte de “barrio privado vip”, con vista al río.
Del capricho al negocio
Así lo confirma el propio proyecto presentado por Pietroboni, con el aval del Vicegobernador Lauritto y el Gobierno de la Provincia, ante el Fondo Fiduciario Federal, tal como consta en la Foja Nº 12 del expediente E0083-08 que se publica en esta página. Evidentemente, de colocarse el primer ladrillo para construir un barrio en plena Isla, serán varias las explicaciones que deberá dar José Lauritto y el mismo Pietroboni, además de la renuncia que deberá presentar en tal caso Fernando Raffo quien dijo erigirse en el garante de la preservación del ambiente.
Para el futuro quedarán las pruebas a las que someterá la naturaleza, y el río especialmente, a esta aventura que parecía surgir de un capricho y se va encauzando hacia un gran negocio inmobiliario.

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