No es temerario comenzar a decir que Juan Antonio Pizzi logró impregnarle al equipo canalla los mismos atributos que él enarbolaba en su etapa de jugador.
Es cierto que en el último tiempo llegaron a Central Matías Lequi, Leonardo Talamonti, Pablo Ferrari y hasta Gonzalo Castillejos, pero bien se puede decir que Juan Antonio Pizzi es el mejor refuerzo que trajo el canalla en este semestre. Claro que hay que sumarle a esto su cuerpo técnico de primer nivel.
Porque la cabeza de grupo trazó las pautas de trabajo y siempre las respetó. Nadie tiene coronita más allá del apellido y juega el que está en mejores condiciones. Eso es irrefutable.
En su momento les tocó salir a Broun, Talamonti y Rivarola, algo que no hizo más que fortalecer la competencia dentro del grupo.
Así Central está en camino de ser un espejo de Pizzi, tanto en lo que fue en su época de jugador, como ahora en la función de joven entrenador. Al Pizzi jugador se lo recuerda por ser un gladiador incansable, por estar siempre al servicio del equipo y jamás bajar los brazos. Era un goleador extraordinario que marcaba la diferencia por la potencia y la inteligencia para moverse en el área, más que por contar con una refinada técnica individual.
¿Cuánto inciden los técnicos realmente en los resultados que pueden obtener los equipos? La respuesta es sin dudas abierta y el tema entrega muchísima tela para cortar según el paradigma futbolístico desde donde se hable. Desde una vereda se dice que los jugadores son lo más importante, pero cruzando la calle varios mantienen que la cabeza del grupo es tan trascendente como los que salen a la cancha.
A la luz de lo que es el presente deportivo auriazul no hay dudas de que Pizzi llegó como un bálsamo de seriedad para ser el guía táctico, anímico y espiritual del operativo retorno a la máxima categoría. Antes de él Mostaza Merlo jamás llegó a consolidarse y el Chulo Rivoira no logró abstraerse de las urgencias por conseguir resultados, quedando preso de la ansiedad de la gente. Mientras que el Negro Palma tuvo un paso fugaz y no se puede hacer una conclusión determinante de su gestión. Lo claro es que con Pizzi el equipo se armó de atrás hacia adelante y cada una de las individualidades toman trascendencia en función de lo que aportan a lo colectivo.
Por eso Central hoy está bien prendido arriba en la tabla y tiene la chance de cerrar un semestre más que satisfactorio si ratifica las buenas actuaciones, el sábado en el Gigante ante Patronato y luego en la despedida del año en la visita a Chacarita. Central es un equipo serio porque su cuerpo técnico lo es.
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