"Lograr el reconocimiento social de la convivencia de dos personas, sin discriminar por el sexo que tengan, es un hecho trascendente", afirmó el intendente Aníbal Pittelli, en una entrevista en la que se refirió a la decisión de ser testigo -junto a la diputada Graciela Rolandi- del primer matrimonio entre dos personas del mismo sexo que habrá en nuestra ciudad.
El intendente fue entrevistado por Radio del Centro, FM 91.9, donde se refirió al acontecimiento.
-¿Qué lo llevó a tomar la decisión de ser testigo del matrimonio?
-En primer lugar es una decisión personal. Pero yo no puedo, igual que Graciela (Rolandi), no considerar en cada una de las decisiones que tomamos lo que significa desde el punto de vista político y social.
Saliendo de lo personal, desde el punto de vista de lo que representa, es un respaldo del Estado Municipal a una decisión largamente esperada.
Por encima de las diferentes visiones que se puede tener sobre este tema, es indudable el avance en la recuperación de derechos que nunca deberían haber estado en discusión. En este caso que a dos personas de igual sexo, se les de la posibilidad de que la Ley les garantice igualdad. No se está hablando de ninguna otra cosa que no sea eso.
Por encima de cualquier otra consideración, la igualdad de derechos es una obviedad para los tiempos que corren.
En el siglo XXI es inadmisible que dos personas del mismo sexo, que conviven desde hace años, o quieren convivir por mucho tiempo o por el resto de sus vidas, no tengan los mismos derechos que las personas de diferente sexo.
Creo que si nuestra presencia, siendo testigos de ese matrimonio, representa la posición del Estado municipal con relación a una visión favorable sobre esta Ley, es un paso importante.
Si nuestra determinación sirve para dejar claro cuál es la línea que debe que seguir el Estado en el reconocimiento de la igualdad de derechos de las personas, sin distinción de sexo, raza o religión, es positivo, y desde el primer momento estuvimos dispuesto a darlo.
-¿Conocían a la pareja?
-Sí. Para mí, y se que también para Graciela, es un honor. No sólo los conocemos a ellos, sino a sus familias.
Nos reconforta, nos halaga, y significa un honor.
-En algunos casos se plantaron cuestiones de consciencia, fundamentalmente por razones religiosas. A usted siempre lo consideró cercano a la Iglesia Católica, ¿cómo pudo conciliar este aspecto?
-No tiene nada que ver la igualdad de derechos con la visión religiosa del tema.
Desde el punto de vista religioso también tengo severas dudas respecto de cuál debe ser la posición de la Iglesia.
De hecho, a pesar de que la Iglesia ha tomado una posición extrema, también han habido otras posiciones.
Aquí no se trata de visiones religiosas. Se trata de una visión de que Ley es la que debe regir.
Creo que la religión tiene muy poco que decir frente a una Ley que garantiza igualdad de derechos. Cada uno puede pensar distinto, no estar de acuerdo; pero no podemos no estar de acuerdo con que dos personas del mismo sexo tienen que tener los mismos derechos.
Se trata de ser considerados por el Estado frente a una situación de convivencia, y todas las consecuencias que tiene desde el punto de vista social, como la formación de una familia, la posibilidad de adoptar hijos, la necesidad de ser reconocidos en aspectos como el cuidado del otro cuando hay dificultades en salud, el sistema previsional, son cuestionen que tienen muy poco que ver con lo religioso.
Me remito a una vieja frase evangélica, que es: "Al César lo que es del César; y a Dios lo que es de Dios".
Creo que la cuestión era reconocerle el mismo derecho a las personas desde el punto de vista jurídico.
Creo que lograr el reconocimiento social de la convivencia de dos personas, sin discriminar por el sexo que tengan, es un hecho trascendente para el Siglo XXI, y una característica diferenciadora para los argentinos, ya que tenemos esta Ley antes que ningún otro país de Latinoamérica. Ese es un avance de los derechos civiles.

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