Las aves llegaron a las costas bonaerenses hace cinco meses, aproximadamente, y se las recogió con diversas afecciones a cuestas: algunas sumamente desnutridas, otras cargadas de parásitos; tampoco faltaban los ejemplares heridos y mucho menos los empetrolados. Tristes secuelas de la conducta humana, en tierra y mar.
“Estos animales llegaron a fines del verano último y desde entonces se los trató para ponerlos en estado y lograr lo que haremos mañana: devolverlos a su hábitat, sanos y con las mejores probabilidades de supervivencia”, explicó al respecto Alejandro Saubidet, director científico del delfinario.
“Supervivencia que cada vez enfrenta exigencias mayores pues el ambiente marino es impactado a diario por el hombre y su actividades, lo que en esta especie, por ejemplo, provoca ausencia de alimento o riesgos elevados de contaminación por diversos hidrocarburos”, añadió.
Los pingüinos de esta especie suelen aparecer con frecuencia en el litoral oceánico argentino, especialmente entre abril y noviembre.
El Centro de Rehabilitación de Fauna Marina -una de las dos organizaciones de estas características que funcionan en la Argentina- cura y libera un promedio de 400 pingüinos magallánicos cada año e integra la bonaerense Red Oficial de Rescate de Fauna Marina, único organismo gubernamental de esta naturaleza en el país.
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