Lo dijo el padre de Joanna Córdoba, quien advirtió que la víctima había realizado dos exposiciones sobre el maltrato que recibía de su pareja. Afirman que hubo una denuncia que fue levantada por amenazas del agresor.
Pese al dolor que lo embargaba, el papá de la víctima, Héctor Córdoba (48), dialogó brevemente con EL LIBERAL.
Lo suyo fue como un ruego, en el que se mezclaron la impotencia por no poder cambiar el destino de su cuarta hija y la bronca por el fatal desenlace que tuvo una relación afectiva enfermiza, cuando sentenció: ‘Queremos justicia, que no salga más ese desgraciado’.
Obviamente, se refería a Gabriel Iñíguez (29), quien fue pareja de su hija y el que anteayer la mató utilizando aparentemente un destornillador.
Con la voz entrecortada, el hombre reconoció: ‘Nunca nunca pensábamos que podía pasar esto’.
Sin embargo, los hechos de violencia en la relación que mantenían su yerno y su hija habrían sido constantes. Pero ella había decidido poner fin al vínculo hace poco más de cinco meses.
‘Nosotros le aconsejamos que se viniera aquí porque él le pegaba mucho’, comentó el progenitor. Lejos de convertirse en una solución, se transformó en una pesadilla porque no cesaban las amenazas, refirieron allegados a la chica.
Mucho más directa fue Karina Sánchez, prima y madrina a la vez de la chica asesinada. ‘Esto lo veíamos venir, porque él siempre le pegaba. Como era violento, muchas veces le dijimos que se separara, que no siguiera con él’.
‘Hacía más de cinco meses que ya no tenía nada que ver con él -apuntó la mujer-. Él sabía todos los movimientos de ella, parece que alguien le mandaba mensajes. Ella le tenía mucho miedo y no quería salir de aquí’.
Justamente el martes a la mañana había ido hasta Beltrán para hacer algunas compras en compañía de su amiga, Natalia Farías.
Cuando regresaban en sus motocicletas, las comenzó a seguir Iñíguez, quien insistía en que su ex pareja se detuviera. Lejos de acatar esa ‘orden’, Joanna aceleraba, temiendo tal vez que podría ser agredida.
La persecución se extendió unos cinco kilómetros, hasta que la empujó y la hizo caer del rodado. Él también perdió el equilibrio, mientras que la amiga se detenía en la banquina. Cuando logró reincorporarse vio el letal ataque. Dos trabajadores rurales que presenciaron el incidente corrieron para intervenir, pero era demasiado tarde. La joven madre había recibido once puntazos.
‘Un día antes de que pasara esto, evocó Sánchez, ella le confiesa a la madre que él la había amenazado de muerte, pero no sólo a ella, sino que iba a matar a toda la familia, que iba a prender fuego a la casa’.
Los jóvenes se habían conocido en un baile en Beltrán. De esa unión tuvieron una niña en común, la que quedará al cuidado de sus abuelos maternos.
El año pasado estuvieron un mes en Buenos Aires. ‘Ella aceptó pensando que él podía cambiar, porque eso es lo que le prometía. Se volvió porque él la seguía maltratando allá’, dijo la madrina.
Finalmente, reclamó: ‘Queremos que se haga justicia y que no quede en la nada, para que no se repita. Aunque él pase el resto de su vida en la cárcel, ya no te recuperas del daño que ha causado’.
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