Los vecinos reportan más de 20 ejemplares casi perdidos, pero están en peligro cerca de un centenar. Dicen que faltan acequias que conduzcan el agua. Propuestas.
En un tramo de unos 2.500 metros, comprendidos a partir de la calle Moldes al norte, cerca de la bodega Norton, se observan árboles totalmente decrépitos o en proceso de perderse. Son los ubicados sobre la vereda Este, porque los del otro costado están un poco mejor. De todos modos no son todos los árboles, pero ya hay más de 20 perdidos y un número indeterminado, que podría ser un centenar, que empieza a debilitarse.
Los vecinos, como Américo Lázaro (73), presidente de la unión vecinal de Agrelo, y Manuel Ruiz, sostienen que con poco esfuerzo se podría salvar este genuino y natural patrimonio, que tiene las características de un bien público de inapreciable valor ambiental.
El trazado del camino se corresponde con una de las Rutas del Vino potenciadas por Luján, ya que a la vera de la cinta asfáltica y en otras partes del distrito, se encuentran bodegas modernas y otras tradicionales, reconvertidas a nuevas.
Tanto Lázaro (a quien la Universidad de Congreso premió hace un tiempo con una mención "Al compromiso ambiental") como Ruiz, quieren que los organismos públicos (Municipalidad de Luján, Dirección Provincial de Vialidad e Irrigación) armonicen decisiones y se haga algo concreto para proteger ejemplares únicos que, según la historiadora autodidacta Norma Acordinaro, tienen casi un siglo de vida.
Inclusive esta escritora, nacida en la zona, mencionó que en las cercanías de la calle Lencinas (la arteria oblicua) también hay ejemplares dañados.
En todos los casos, la situación desencadenante de este abandono es la desaparición de las acequias de riego y por ende la imposibilidad de proveer líquido a los sufridos y bellos exponentes.
Técnicos como Carlos Barrera Oro, jefe del Arbolado Público de la provincia, y Carina Elmida, titular de Arbolado de Luján de Cuyo, sostienen que la situación se desencadenó, en parte, a partir de incorporación de nuevas tecnología de regadío de las fincas, que modernamente disponen del riego presurizado.
"Ya no hay casi acequias de desagües, cuyos remanentes servían para dar agua a los árboles", comentó Barrera Oro.
Además de esta situación en algunos tramos hay sifones obturados, uno de ellos en calle Moldes, que impiden que pasen los pocos caudales disponibles. En este sentido, el funcionario de la Dirección de Recursos Naturales Renovables autorizó a los vecinos a abrir esas obras y provocar que vuelva a circular el líquido por esos cursos. Los particulares, con máquinas de su propiedad, podrían efectuar esta tarea.
La ingeniera Elmida se comprometió con los vecinos a mediar ante las reparticiones con jurisdicción -la DPV e Irrigación- para conseguir las soluciones requeridas, pero aclaró que el municipio no tiene competencia en esa área.
En tanto, desde el Departamento General de Irrigación, el secretario de Gestión Hídrica, Mario Salomón, dijo que como la titularidad de esa franja -camino y forestales- pertenece a la DPV, se puede realizar un convenio y proceder a ejecutar las obras que devuelvan el riego a los veteranos plátanos.
La caminera podría hacer las cunetas y el DGI dar la dotación. También este funcionario confirmó que cada vez son más escasos los cursos de agua por dentro de las propiedades rurales, lo que complica el riego exterior a las fincas.
Para los nombrados Ruiz y Lázaro, además de Hugo Debandi, este último en proceso de instalarse en el kilómetro 23,5 de la ruta 15, sólo hace falta armonizar y poner manos a la obra.
"Esperamos en menos de 3 meses poder evaluar los cambios producidos en la zona, y luego propender a que se haga el mantenimiento necesario para que la vida de estos ejemplares se prolongue", dijeron.
Debandi se ubica en un punto donde más afectados están los grandes vegetales.
Manuel Ruiz, que en ocasiones riega los ejemplares con un camión tanque de su propiedad, sostuvo que la belleza de este rincón departamental, con sus establecimientos y grandes extensiones de paños de viña, se vería mal si los árboles se siguen secando.
"Si avanza la decrepitud de estos exponentes, nos expondríamos a ofrecer una ruta del vino sin sombra y con el peligro de que ramas secas caigan sobre ocasionales visitantes o los propios moradores del lugar", consideró Ruiz.
Como contraste, en el mismo sector deteriorado se observan plátanos de buen volumen y vigoroso follaje y la razón es que reciben la preciada humedad de algunos de los pocos desagües existentes.
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