A los pibes de la Sub-20 el oro se les “chispoteó”

A los pibes de la Sub-20 el oro se les “chispoteó”
GUADALAJARA, México.- Festejaron los locales. México logró, tras su victoria en la final ante Argentina, su cuarta medalla dorada de fútbol en panamericanos, con lo que igualó la marca de Brasil (Argentina tiene dos más)
Todo se resolvió en el cuarto final del juego, cuando parecía que todo iba encaminado al alargue y los penales porque no podían sacarse diferencias. Pero sobre los 35 minutos, Aquino metió un pase perfecto para Amione -el mejor de la cancha- quien definió con categoría. Después, la impotencia de Argentina se transformó en intolerancia, Achucarro se fue expulsado por pegar una trompada a Zavala y, después del pitazo final del árbitro salvadoreño, también Andrada perdió la calma y vio la roja por un insulto.

En la previa se estimaba una supremacía del elenco local, especialmente por su condición de anfitrión sumada a las virtudes que había mostrado para acreditar su lugar en la final. Sin embargo, pese a la cautela con que salió a jugar Argentina, el trámite del juego fue equilibrado y con pasajes de ida y vuelta que, si bien carecieron de profundidad, le dieron a la primera parte un corte entretenido. Los dos supieron inquietar en cercanías del área rival; no generaron situación de peligro inminente pero no por falta de decisión, sino por imprecisiones en la penúltima decisión.

Argentina mostró orden en el medio, pero alternó algunas dudas en el fondo que lo hicieron llegar al entretiempo con un central (González Pírez) y un volante de marca (Laba) amonestados. Cuando atacó, impulsado por el buen pie de Cirigliano, no encontró respuestas acertadas en los pies de Luque, Fragapane o Araujo. México, por su parte, inquietó con los movimientos de Amione, pero no mucho más que eso frente a un seguro Andrada.

La segunda parte fue muy parecida. Algunas llegadas con cierto grado de inquietud pero nada que no se pudiera contrarrestar con atención de los defensores. Era difícil imaginar de qué manera la fina podría esquivar el alargue o os eventuales penales, pero cuando Argentina se había adelantado un poco en el terreno tratando de sorprender, México armó la jugada más lúcida de la noche en el coqueto estadio de Guadalajara: Aquino metió un pase perfecto para el goleador Amione (claramente habilitado) y la historia se definió. Argentina ya no tuvo resto anímico como para hacer brotar el fútbol que escaseó en la final, lo mismo que las ideas. Perazzo probó con el ingreso de Villafáñez y Conigliano y ya en tiempo de descuento mandó a Ferreyra, pero ya era demasiado tarde para una reacción; el equipo nunca pudo recuperar algo de la imagen que le había permitido llegar a esta instancia.

Fue triunfo de México y no se puede discutir. Argentina, de marcha digna durante toda la competencia, se mancó al final. Y tampoco tendrá revancha en los Juegos de Londres (la próxima cita olímpica), instancia de la que ya había quedado eliminado en los últimos Sudamericanos.

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