Messi. Golazo de tiro libre, dos tiros en los palos, gambeta y pique corto y un capitán que condujo a la Selección para el triunfo 3-1 frente a Paraguay. "Que de la mano, de Lío Messi, todos la vuelta vamos a dar", se cantó fuerte en Córdoba.
Segundo tiempo, dos minutos. Messi captura la pelota y, cada vez que eso sucede, el mundo retiene el aliento y la boca se cierra y la saliva se junta. Encara, a pura gambeta y a toda velocidad con la pelota como archivo adjunto del pie. Sale Justo Villar, lo mide y le pone la cuchara a la pelota. Sí, una cucharita, como esa tan usada en la niñez para que los autitos fueran un poco más veloces. El balón cae, despacio, y otra vez pega en el palo. Esta vez, en el otro arco, como para que toda la gente –la de una cabecera y de otra– vea de cerca al artista. Posiblemente, por su talento inagotable, Messi sea capaz de ingeniarse esta repartija para que nadie se pierda su obra.
Dieciocho minutos, y los palos que dan vueltas por su cabeza. Y su cabeza que anda con la idea fija de hacer un gol. Y cuando a Lio se le pone algo en la cabeza, hay que hacer un espacio, pararse al costado del camino y mirar. Porque por lo que pasa en estos tiempos, los contemporáneos a Messi debieran hacer eso. En todo caso, la barrera de Paraguay en el tiro libre bien pudo mirar hacia el arco de Villar para que nadie, al salir del vestuario, les cuente algo que hubieran podido ver en vivo. ¡Qué golazo! Maestro. El equipo aumenta a tres su cuenta en la red.
Locura, de un estadio que ya en la Copa América de 2011 lo ha adoptado con el cariño que tan bien le sienta. Como en el Barsa, “que de la mano, de Lio Messi, todos la vuelta vamos a dar, vení, vení…”. Se canta, se baila y se goza En lo que va de este año, entre amistosos y juegos por las Eliminatorias, La Puga lleva nueve goles en cinco partidos. Y con el agregado de marcar tres veces en dos: ante Suiza y, claro, en el memorable partido frente a Brasil del 4-3. Además, se dio el lujo de errar un penal contra Alemania, en el 3-1.
Plantar un árbol, escribir un libro, tener un hijo y ver en vivo a Lionel Messi. El argentino que juega en el que tal vez sea el mejor equipo de todos los tiempos en la historia del fútbol. Y que reparte, cada vez que viene para estos pagos, toda esa fantasía de ser un nene que juega a la pelota por el placer de jugar. Se asume como capitán de este barco y lleva la cinta. ¿Quién otro puede ser el protagonista de un sueño de campeón del mundo? Argentina, pueblo a pueblo, en una gran medida para que este viaje a Brasil 2014 pase por las provincias. Y que todos, los que puedan, vayan a la cancha a ver a este mito que será leyenda. «

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