Aunque ya está en marcha una nueva notificación a los vecinos de Presidente Roca y Zeballos para que expresen su oposición al desembarco del boliche Esperanto, las obras en la esquina siguen como si nada.
En los alrededores de Roca y Zeballos ayer ya habían comenzado a recibirse las nuevas notificaciones, un proceso habilitado por el Concejo Municipal en su sesión del último jueves tras arduas discusiones acerca de si el registro anterior se había cumplido siguiendo todos los pasos legales.
Entre los primeros trámites y esta instancia pasó de todo, incluida una denuncia pública (ver aparte) que el apoderado del boliche, el abogado Carlos Varela, presentó contra el concejal del PRO Rodrigo López Molina, virtual portavoz de los vecinos reacios a la radicación y principal impulsor de que se reabra el registro.
Entre los argumentos que tanto el edil como los vecinos mencionan como determinantes, figura el hecho de que en la misma manzana, pero con entrada por Paraguay, funciona un geriátrico.
Alarma. De hecho, ayer LaCapital visitó el lugar, donde están internados 40 ancianos. "Por supuesto que acá el tema preocupa mucho", se sinceró Marcela, una de las empleadas.
Según la mujer, no sólo están alarmados ante la posibilidad de que la futura confitería bailable pueda traer "ruidos molestos, líos y hasta tiroteos" en el barrio, "algo que ya se sabe alteraría muchísimo a los abuelos", sino que también sienten temor por la seguridad de los propios trabajadores.
"Nosotros entramos a las seis de la mañana, justo la hora de salida del boliche, y uno sabe que más de uno sale de esos lugares tomado o incluso drogado", se alarmó.
Unos metros más hacia Zeballos funciona otra institución de salud donde Esperanto tampoco despierta entusiasmo, aunque en ese caso carece de servicio de internación. "No me gusta lo que el boliche va a traer aparejado", contó otra empleada, también de nombre Marcela, del Centro de Diagnóstico y Cirugía Ambulatoria.
Ya sea por prejuicio o por experiencia, quienes más se oponen a la llegada de la disco, un emblema de la noche porteña, argumentan que generará un "movimiento ligado al alcohol, la droga y la prostitución: todo lo que se ve por la tele como la cosa más natural".
Claro que el rechazo al desembarco del complejo Esperanto ahora deberá, sí o sí, expresarse formalmente en el registro de oposición: si más del 33 por ciento de los vecinos lo rechaza, otro será el destino de la polémica esquina.
Mientras tanto, como en otra dimensión, las obras avanzan sin prisa y sin pausa. Y en el mismo predio que antes ocupaba el estacionamiento de Los Alamos, un local con salones de fiestas para 900 personas, se afanan laboriosamente al menos diez albañiles.
El cartel de obra consigna, entre otros, los datos del comitente (Hernán) Capucci Desarrollos, del proyectista y director de obra Juan Carlos Barsante, de la superficie del terreno en cuestión (2.126,63 metros cuadrados) y de las alturas máximas y mínimas.
Unas baldosas grises ya cubren prácticamente todo el piso y el lugar está íntegramente cercado por una valla vidriada que da sobre ambas calles. Y en vez de álamos, ahora se yerguen catorce grandes palmeras.
Por ahora, y pese a que está provisoriamente suspendido el trámite de habilitación, el trabajo no se detuvo. Habrá que ver qué ocurre con la reapertura del registro de oposición, la semana próxima. Una medida que Varela prometió recurrir administrativa y judicialmente, pero que hasta ayer, al menos, seguía adelante sin freno legal.
Al pie de la letra
La ordenanza 7.218, que regula los espectáculos públicos en Rosario, define taxativamente las condiciones que debe reunir la instalación confiterías bailables, discotecas y cantinas. En su artículo tercero, limita la localización de esas actividades en proximidades de establecimientos de salud con internación y salas velatorias, aunque no menciona en forma explícita a los geriátricos. Concretamente, prohíbe su instalación según determinadas distancias (100 y 200 metros según los casos) e indica que no deben ubicarse “dentro de la misma manzana”.
Sólo Fein
Vecinos pidieron que la intendenta Fein se haga cargo del tema y no quienes intervinieron hasta ahora.

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