Pese a la crisis, el Gobierno mantiene la presión fiscal y causa alarma en las pymes

Las pequeñas y medianas empresas, generadoras de empleo genuino, sufren el acoso de políticas impositivas regresivas. Con la baja de la actividad económica, la problemática se agudiza
Más allá de los índices de crecimiento que orgullosamente exhibe este Gobierno, autodefinido como nacional y popular, hay cuestiones pendientes imposibles de disimular. La más significativa es que cuatro de cada diez argentinos viven sumergidos en la pobreza. Sólo el trabajo digno permitirá a esa gente salir adelante. En ese contexto, las pymes, que son las principales generadoras de empleo genuino en la Argentina, arrastran una mochila fiscal imposible de levantar, y con la economía mundial tambaleando se enciende una luz de alarma en el sector.

Hay números contundentes que permiten justificar la enorme presión que ejerce el Gobierno nacional sobre el eslabón más débil de la cadena empresarial, mientras al mismo tiempo premia con beneficios y exenciones a sectores más poderosos (ver aparte). Según documentación a la que accedió Hoy, una empresa que recibe un pago de 80 mil pesos pierde inmediatamente casi 15 mil pesos (más del 18%) en concepto de pago de impuestos, entre IVA, Ganancias e Ingresos Brutos.

A su vez, por cada salario que las pymes pagan, tienen que pagar entre un 40 y un 50% más en impuestos. Por caso, si un trabajador cobra un salario de 4 mil pesos mensuales, el empleador deberá destinar mes a mes alrededor de 6 mil para cubrir cargas sociales e impuestos, entre otros ítems. Así, es imposible que el sector salga adelante.

“Esta situación no ha cambiado en nada desde hace varios años. La presión fiscal es cada vez mayor”, le dijo a Hoy el presidente de la Cámara de Comercio de La Plata, Juan Carlos Piancazzo, quien se quejó porque las pymes están en “en todos los discursos, proyectos, en boca de todos, pero en la práctica no se lleva a cabo nada”.

Los especialistas señalan que la presión impositiva en la Argentina está en cincuenta puntos del producto, lo que implica que la mitad del valor agregado que genera el sector privado se destina a impuestos. Esto podría resultar razonable en otra economía, pero no en la de este país, donde lo recaudado a través de la presión fiscal no se devuelve en créditos accesibles, una educación de calidad, seguridad o un sistema sanitario de primer nivel.

Esto confirma que la política impositiva que aplican los gobiernos es altamente regresiva. El impuesto de Ingresos Brutos se queda con el 3,5% de lo que facturan las empresas. Además, afrontan el impuesto al cheque (0,6% de cada una de las transferencias bancarias) y por último se mantiene el impuesto a las Ganancias, que no sólo se aplica sobre lo que perciben los empresarios, sino también sobre los salarios.

Contexto de crisis

Piancazzo reconoció ante la consulta de Hoy que durante los últimos años la actividad comercial fue positiva, pero advirtió que desde marzo a esta parte “se nota un amesetamiento” de la actividad económica, que podría profundizarse por la crisis internacional.

Si bien en un principio el Gobierno negó que la situación de Estados Unidos y Europa impacte, en las últimas semanas comenzó a asumir que la economía nacional sufrirá una desaceleración, producto de la crisis. “Sacando casos excepcionales, como la venta de autos, la mayoría de las actividades vienen notando una caída en la actividad comercial”, detalló Piancazzo.

En este contexto, el Gobierno nacional, lejos de adoptar medidas tendientes a alivianar la carga fiscal sobre las pequeñas y medianas empresas, cada vez las presiona más. “El desafío es mantener los puestos de trabajo creados”, repetían los dirigentes empresariales durante las buenas épocas, cuando se los consultaba sobre si había perspectivas de generar nuevos empleos. Ahora, con una crisis que ya comenzó a reducir la actividad, el discurso será más desalentador si, como se prevé, el Gobierno no cambia sus políticas.

Enormes ventajas para las grandes empresas

En medio de la presión fiscal que el Gobierno ejerce contra las pequeñas y medianas empresas, los sectores más poderosos, al contrario de lo que debiera ser, resultan los más privilegiados.

La primera ventaja que tienen las grandes multinacionales es que el Gobierno K mide a todos con la misma vara y eso, claramente, perjudica a los más pequeños, que, paradójicamente, son los que mayor empleo generan. En ese sentido, el presidente de la Cámara de Comercio de La Plata, Juan Carlos Piancazzo, puntualizó que las grandes empresas “tienen acceso a beneficios y créditos que no tienen las pymes”.

A su vez, el dirigente empresarial destacó que los programas que anuncia el Gobierno para fortalecer el sector pyme existen, pero no están correctamente elaborados. “Existen muchos planes y el Estado hace esfuerzos desde distintas áreas, pero uno los recibiría de menor manera si fueran más simples y estuvieran concentrados en un solo sector”, señaló el dirigente.

Para ser más claro, Piancazzo explicó que para acceder a determinado beneficio que otorga el Estado, una pyme debe contratar a una consultora especializada para que elabore todos los requerimientos necesarios para calificar. Y eso, lógicamente, tiene costos muy elevados. “En las grandes empresas hay consultoras y equipos económicos incluidos, así que lo único que tienen que hacer es marcar un número de teléfono”, añadió.

En ese sentido, el empresario se quejó porque las multinacionales utilizan esos fondos para incorporar tecnología que reemplaza la mano de obra. Así, a las pymes se les ponen trabas para acceder a ventajas fiscales, a la vez que cada vez se les hace más pesado sostener a los trabajadores encuadrados en la ley, mientras que las grandes empresas reciben beneficios y reducen la cantidad de empleados.

Ejemplos

Mientras los profesionales o pequeños emprendedores deben pagar el 3,5% de lo que facturan mensualmente por Ingresos Brutos, la principal petrolera del país paga una alícuota del 0,1% por ese concepto. Y los beneficios se extienden a otros sectores concentrados de la economía.

El caso más contundente es el de la megaminería, que mientras es cuestionada por el feroz daño ambiental que ocasiona y se lleva fuera del país millonarios recursos que obtiene del suelo argentino, el Estado beneficia a estas empresas con excenciones, deducciones impositivas y otras ventajas que resultan indignantes para aquellos pequeños empresarios que día a día se levantan temprano para cumplir con su labor.

Confianza en el oficialismo

Nuevo panorama facilita la discusión del presupuesto

Aunque no tendrá mayoría después del 10 de diciembre, el Frente para la Victoria se muestra confiado por estas horas en poder aprobar el presupuesto 2012 y encarar otra etapa en la Cámara baja, donde los debates se le presentarán menos complicados, en línea con su fortalecimiento y el debilitamiento de la oposición.

Si bien después del recambio el kirchnerismo en Diputados no alcanzará los niveles de adhesión ostentados entre 2007 y 2009, quedará bastante cerca, ya que, además del respaldo de los aliados, espera que algunos legisladores que hoy por hoy militan en el peronismo disidente peguen un salto y vuelvan a sus filas, o al menos abandonen la postura opositora.

Los principales sectores de la oposición ya adelantaron que no pondrán fuertes resistencias al proyecto del Poder Ejecutivo, especialmente porque la estrategia de dejar sin presupuesto al Gobierno en 2011 terminó siendo contraproducente. Sectores de la UCR, del peronismo disidente y el candidato presidencial del Frente Amplio Progresista, Hermes Binner, en persona, señalaron que facilitarían su aprobación.

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