El gobierno griego salió el lunes a los mercados internacionales con 5.000 millones de euros en bonos a siete años. La buena noticia es que los vendió, evitando así que la UE tuviera que activar el mecanismo de rescate que aprobó la semana pasada.
Pero los mercados internacionales parecen por ahora tantear hasta dónde pueden llegar con Grecia y la verdadera voluntad política europea de ayudar a Atenas.
El problema para Grecia es que si continúa vendiendo a ese interés –y por ahora sólo ha refinanciado, en tres ventas, el 43% de la deuda que le vence este año– el pago de los intereses de la deuda se comerá los recortes presupuestarios aprobados en las últimas semanas para controlar un déficit público del 12,7%. Atenas subió impuestos, congeló pensiones y recortó salarios a los funcionarios.
El mecanismo de rescate europeo se previó como señal política a los mercados. Que supieran que Grecia no iba a caer, que dejaran de especular y que aceptaran la deuda griega a tasas en torno al 5%. Pero la emisión de bonos griegos del lunes mostró que el plan de rescate no ha apaciguado a unos mercados que además todavía tienen fuerza para atacar a Portugal y que pronto podrían hacerlo con España e Italia.
El plan europeo dice, literalmente, que se activará –por unanimidad de los 16 del euro, así que todavía cualquier puede vetarlo– si "la financiación de los mercados es insuficiente". No se explica más. Fuentes del Consejo Europeo explicaban a Clarín que ese insuficiente tenía que entenderse como "cuantitativa y cualitativamente" insuficiente. Es decir, que para que la Eurozona se sentara y decidiera activarlo haría falta que Atenas no consiguiera vender todas sus emisiones y que además lo que vendiera lo hiciera a tasas como las actuales, insostenibles a largo plazo.
Francia, en cambio, considera que habría que activarlo a petición de Grecia. El acuerdo europeo no parece tal acuerdo cuando se mira al detalle
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