Chubut se vanagloria de integrar y de sumar récord de horas académicas y discursivas sobre cómo hacer una sociedad más justa, sin embargo, para los sectores históricamente desplazados, hay más teoría que práctica y así lo muestra la propia realidad.
El Riacho San José está a 50 kilómetros de Puerto Madryn. Situado a la vera del golfo San José en la Península Valdés, se caracteriza por albergar a una comunidad de pescadores artesanales y recolectores costeros que trabajan en la zona desde más hace 40 años. Sin embargo, allí los servicios básicos no están: no hay ni luz, ni gas, ni agua. Los critican porque sus casas o armados habitacionales son precarios o desprolijos, pero oficialmente no los dejan construir ni ampliar, ni siquiera mejorar los baños. Para ellos, no hay créditos productivos ni impulso oficial. Por el contrario, pareciera que todo se hiciera cada vez más difícil para que no estuvieran.
Las versiones sobre por qué acontece esto son muchas, desde intereses inmobiliarios en la tierra en una zona muy cotizada por su salida a un Golfo productivo y valiosísimo como reserva natural hasta cuestiones de estética y convivencia, donde la tradición del pescador artesanal parecería no encajar con la cucarda ambientalista que tan bien cotiza a nivel internacional para fundaciones y ONG’s verdes.
Situación límite
“Pareciera que no existimos”, sostienen los habitantes. “El pescador y recolector es reconocido en todo el mundo, menos acá”, expresó -en diálogo con El Diario- Gloria Mariño, integrante de la Asociación de Pescadores Artesanales y Recolectores Costeros de El Riacho San José. De acuerdo al relato de los pobladores, la comunidad nuclea a 16 permisionarios, quienes se dedican a la extracción de productos marítimos tales como pulpos y mejillones. En tal sentido, explicaron que se trata de 16 familias, incluidos hijos y nietos.
Tan cerca, tan lejos
Los primeros habitantes llegaron al lugar hace más de 40 años, se instalaron allí, se iniciaron en la recolección de bivalvos, caracoles, pulpos y mejillones y comenzaron a levantar sus casas. Hoy, en 2012, la gente del El Riacho aún no posee luz eléctrica, no tiene agua potable ni goza de gas natural. No obstante, en ese sector funciona una Escuela a la que se abastece con las provisiones necesarias para el normal dictado de clases.
Esas condiciones desfavorables hicieron que varias familias dejaran sus precarias viviendas y se trasladaran con sus hijos a la ciudad portuaria. Aunque, continúan dedicándose a la pesca y recolección costera, tarea que los obliga a viajar periódicamente hacia las playas del golfo San José. Actualmente, son cuatro las familias que habitan en el sitio a las cuales un camión asiste con agua cada quince días.
“La comunidad debe ser reconocida como tal y gozar del derecho al uso del recurso y la producción, porque la gente vive de eso, no podés no permitirle a la gente que haga lo que hizo toda su vida. No le podés decir hoy a alguien de 50, 60 o 70 años que haga otra cosa, y también están sus hijos que se dedican a esa tarea. Queremos que nos den la posibilidad de mejorar nuestra calidad de vida”, enfatizó Mariño.
Derechos adquiridos
Cabe aclarar que El Riacho San José está ubicado dentro del Área Natural Protegida Península Valdés, creada en el 2001 por la Ley provincial Nº 4722. Asimismo, es parte de los siete Patrimonios de la Humanidad declarados por la UNESCO en Argentina. Estos son los principales argumentos esgrimidos por distintas áreas gubernamentales para “no innovar” antes los reclamos de los pescadores.
Otros de los cuestionamientos de los recolectores costeros es la negativa a mejorar, ampliar o refaccionar sus casas, la falta de accesos a las playas y campos para que los trabajadores puedan realizar sus tareas en condiciones dignas, así como el derecho a la propiedad de la tierra.
Acerca de este tema, Mariño sentenció: “Antes de que el Área se declare como ‘protegida’, estaban los pescadores artesanales en ese lugar. Antes que la reserva natural están las personas”. Por su parte, Juan Carlas Vargas, presidente de la Asociación, afirmó que la mayoría de los pescadores del lugar son descendientes de los mapuche-tehuelches, nativos de la zona. Así es que “no estamos pidiendo nada que no nos corresponda”, remarcó el hombre.
Un atractivo turístico
La tarea de los pescadores artesanales es valorada mundialmente y, al mismo tiempo, explotada turísticamente a través de la inclusión en paquetes de viajes de visitas a distintas comunidades. ¿Por qué no hacerlo aquí?, se preguntaron Mariño y Vargas.
“Sería interesante que El Riacho sea parte del recorrido turístico, que el viajero pueda ir a nuestra comunidad, a la Isla de los Pájaros, a Puerto Pirámides y, después, volver a Puerto Madryn”, refirió Gloria animándose a diseñar un trayecto recreativo. Agregando a las supuestas objeciones sobre el asentamiento poblacional, “no hay pescador o recolector que no cuide su lugar más que otra persona”, advirtió la mujer.
Finalmente, Gloria Mariño anticipó: “Tenemos la ilusión de que las cosas cambien con el nuevo Plan de Manejo de Península Valdés, que haya cambios concretos para la gente que vive ahí desde siempre”. Habrá que ver...
En punta en producción e innovación
El mejillón de El Riacho es uno de los productos más requeridos en la zona. En relación con el tema, Juan Carlos detalló que “cada cinco o seis años los bancos se deterioran y quedan pelados, pero desde abajo florece la semilla que ellos dejan. Es justamente la situación que atravesamos en este momento”. En consecuencia, los pobladores implementaron un proyecto de captación de semillas. Luego, desde el área de Pesca provincial y con el asesoramiento de un técnico, iniciaron un trabajo de repoblamiento de bancos hace cinco años. Parte de esa tarea incluyó la capacitación sobre el tema a los pescadores y recolectores. Asimismo, los integrantes de la comunidad decidieron formarse en maricultura para lograr así una equiparación entre la adquisición de conocimientos sobre repoblamiento de bancos y la capacitación orientada hacia el área productiva. La idea fundamental de quienes integran la Asociación es otorgar trazabilidad a sus productos. También pretenden implementar el manual de buenas prácticas, ambas condiciones que se exigen en el mercado actual. Además, con la idea de mejorar el trabajo y su calidad, El Riacho integra, desde hace poco, un espacio de debate del Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca de la Nación en la que están representadas las provincias argentinas.
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