A pesar de los cambios tecnológicos el compromiso sigue siendo el mismo

A pesar de los cambios tecnológicos el compromiso sigue siendo el mismo
En la época de las máquinas de escribir como en la era de las nuevas tecnologías, el periodista continúa siendo un nexo entre la comunidad y los sucesos públicamente relevantes que se producen en ella. Está al servicio de la verdad, de los principios democráticos y los derechos humanos. Nada de eso ha cambiado, con el correr de las décadas, como lo cuenta Daniel Alonso, un periodista en ejercicio a quien le tocó redactar noticias tanto en una vieja Olivetti como en una moderna PC.
El sonido del teclado se escucha en primer plano, a los lejos una impresora hace su trabajo mientras otros miran atentamente el monitor chequeando fuentes y entrecruzando datos por teléfono.

De repente, en un abrir y cerrar de ojos la luz se apaga y el desconcierto temporal sólo aumenta la incertidumbre. Los minutos pasan y la redacción espera. Algunos todavía deben cerrar sus notas para pasar a las próximas cadenas del armado del diario: la edición y diagramación.

Sin embargo, esto dependerá del regreso de la energía, debido a que en el nuevo siglo, el periodismo escrito depende en muchas de sus fases de las nuevas tecnologías.

Hoy se celebra el Día del Periodista, en homenaje a la creación del primer periódico de la etapa independentista de la Argentina, la “Gazeta de Buenos Ayres”, creado el 7 de junio de 1810 por Mariano Moreno.

En Comodoro Rivadavia, el periodismo tiene antecedentes que se remontan a los primeros años de la ciudad. Sin embargo, muchos de los actuales medios informativos, entre ellos Diario Patagónico, empezaron a surgir durante la década del ‘60.

En los diarios hubo un antes y un después de la máquina de escribir. O más bien un antes y un después de la llegada de la computadora y Diario Patagónico dialogó con Daniel Alonso, uno de los periodistas en ejercicio que vivió ambas etapas.

Alonso inició su carrera en 1974 dentro el servicio informativo de LU4 Radio Patagonia Argentina, pero rápidamente empezó a incursionar también en el periodismo escrito.

“Era apasionante ver al jefe corrigiendo el papelito, llevando a la tipeadora. Todo ese proceso que tenía la elaboración de la noticia antes de alguna manera hacía que fuera más segura la información. Igual era menos la información, pero también era más profunda. Hoy el exceso de medios de comunicación nos hace que estemos extraordinariamente incomunicados”, destaca el actual director de prensa del Concejo Deliberante.

Alonso tuvo la particularidad de trabajar en los dos diarios más importantes de la ciudad. Primero escribió en Diario Patagónico, cuando aún se mantenía el viejo sistema de máquinas de escribir.

Sin embargo, luego de seis años de alejamiento de los medios, le ofrecieron hacerse cargo de la jefatura de Crónica, cuando ya habían llegado las computadoras a las redacciones.

“Fueron muy duros los primeros seis meses, pero tomé la rutina de quedarme en el cierre y me quedaba de la una de la mañana hasta las seis. Estando de responsable de Redacción era desesperante que apareciera algo en el diario que yo no había chequeado. Para mí fue muy duro porque estuve seis años colgado y cuando volví todo el personal que iba a tener a mi cargo había estado seis años metiéndose en el tema como podía”, destacó Alonso.

EL VALOR DEL OFICIO

En décadas pasadas, la existencia de escasos medios periodísticos imponía en Comodoro Rivadavia que este oficio fuera realizado por unos pocos, ya que LU 4 y tiempo después LRA 11 eran las únicas radios, Canal 9 la única señal de televisión y los lectores de diarios se repartían entre las paginas de El Patagónico y Crónica. Mientras, los periódicos de Buenos Aires recién llegaban por avión cuando el sol comenzaba a desaparecer en la tarde patagónica.

“En la única emisora que había que era LU 4, te lo hacían vivir con una absoluta seriedad y responsabilidad. De tal manera que el mínimo furcio que cometieras quedaba en evidencia ante el grueso de la población. Salías a la vereda a las 12 cuando terminabas tu turno y pasaba uno y te tocaba bocina y te gritaba ‘que dijiste’”, recuerda entre risas Alonso.

El oficio cambió. Incluso en la actualidad existe una profesionalización a través de carreras universitarias de periodismo y comunicación social. Sin embargo, el compromiso con la verdad y la comunidad sigue siendo el mismo.

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