Hace 5 años que en la localidad de Derqui funciona una suerte de refugio canino llamado Los Luceritos. Hasta ese entonces, Juan Carlos Cortese levantaba animales abandonados en las autopistas y los llevaba hacia una fábrica en Hurlingham. Pero ante la acumulación de animalitos, debió pensar en un “plan B”.
“Hace veintipico de años que ando con el tema de los animales. No los podía traer a casa porque era una familia numerosa hasta ese momento. A medida que se fueron yendo, me fui trayendo a los que había en la calle, el límite siempre lo crucé”, se describió Suárez, quien en su historial tiene realizadas más de 400 castraciones en Hurlingham.
Hasta hace muy poco eran tan solo dos encargados, pero han abierto las puertas a nuevos voluntarios -buscando el bienestar de los animales- para que puedan levantar caniles antes que llegue el frío.
El refugio
Los Luceritos actualmente alberga a 130 perros, número que se podría ampliar si se llevan algunos animales que aún quedan en el antiguo refugio. Por ahora, sus responsables prefirieron mantener el lugar geográfico en el anonimato hasta tanto no cuenten con los elementos y las voluntades necesarias para albergar a más animales. Debido a la escases de recursos, los perros permanecen atados a árboles, la única sombra disponible en el predio, necesitando de la colaboración de la comunidad para construir caniles y contar con más cuchas.
Desde el lugar han comunicado que es completamente necesaria la ayuda de la población para que los perros rescatados del descuido de la calle, puedan tener una atención médica adecuada, y una alimentación correcta. Entre los objetos solicitados se encuentran cuchas, caniles, alambrados, media sombra -debido a que están sin resguardo- y el siguiente paso será la construcción de caniles.
En cuanto al personal, se requiere de voluntarios que puedan acercarse al lugar al menos dos veces por semana para proveerles de agua, ocuparse del mantenimiento del pasto del predio y de esterilizar a los animales.
“Lo que me llevo del refugio es tristeza, porque al ser tan pocos no podemos hacer demasiado, que es lo que ellos necesitan”, explicó Milagros Checchi, una adiestradora que recientemente se unió al grupo de voluntarios.
De a poco se fueron consiguiendo donaciones para los perros. Llegaron desde Escobar y del barrio porteño de Floresta. Son once cuchas y pallets que están disponibles para ser llevados al refugio derquino. Ahora hay que resolver el flete para su traslado. Esa donación puede ser retirada hasta el próximo martes, luego podría perderse.
La frase
“Los refugios son lugares que no deberían existir. Si existen es que hay algo muy malo en la sociedad”.
El Campito, un símbolo
La preocupación por los perros de la calle ha hecho que en distintos lugares se agruparan personas para darles su cuidado y atención médica. Uno de los lugares que en los últimos años se ha hecho popular es el famoso Campito, en el Partido de Esteban Echeverría, zona sur del Gran Buenos Aires.
Hace 4 años, sus directivos han implementado un sistema de “puertas abiertas” en el que cualquier persona puede acercarse a colaborar con los cuidados de los perritos, principalmente, desde el afecto y el vínculo con el animal. Entre su población de 750 canes, 120 de ellos están paralíticos y utilizan sillas de ruedas especiales. Alrededor de 50 son ciegos.
Además, 250 de los animalitos son ancianos y los que más requieren de cariño, según comentaron desde la organización que sigue sumando voluntarios de toda la provincia.

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