Los partidos de masas están cada vez más cerca de las rupturas ideológicas. La burocratización o la política sin proyectos fueron las causas de las crisis partidarias. La unidad del peronismo no K en Olavarría, objetivos y contradicciones.
La unidad de todo el peronismo disidente y el triunfo de Ricardo Alfonsín en la interna radical rompieron todos los pronósticos esta semana. Es que nadie presuponía que podrían llegar a un acuerdo todos aquellos dirigentes que hoy encarnan el espacio peronista anti K, la gran mayoría estuvo en ese lugar salvo Felipe Solá quien compartió el espacio kirchnerista durante dos de los años que le tocó gobernar a Néstor Kirchner en la Nación y que decidió romper siendo diputado cuando se negó a acompañar la resolución 125 y fue tratado de traidor por el ultra K, Carlos Kunkel, entre otros.
La particularidad de Solá es que una parte del kirchnerismo no lo ve como alguien situado en la vereda ideológica de enfrente, y lo diferencian de un Reutemann, De Narváez o Duhalde, a quienes sí posicionan dentro de un peronismo conservador o neoliberal. Es decir, a Felipe y también a Das Neves, los K los critican que sean contrarios pero no se animan a calificarlos ideológicamente de estar en las antípodas en las que ellos creen que se sitúa el gobierno. Es por ello que tanto uno como otro se plantean ser una alternativa entre ambas posiciones encontradas.
El acuerdo mató dos pájaros de un tiro. Por un lado lograron juntar a toda la oposición peronista y por el otro, lo dejaron afuera a Mauricio Macri que amenazaba con ser, de la mano de Duhalde, la figura preponderante del peronismo disidente. De modo que si éste quiere participar tendría que ir al pie de la mesa peronista.
El otro suceso semanal tuvo que ver con el resultado de la interna radical porque Ricardo Alfonsín logró imponerse a toda la estructura tradicional del radicalismo, la que viene ejerciendo el poder partidario desde hace treinta años. El cobismo fue incluido en la volteada, en algunos lugares porque participó directa o indirectamente y en otros porque los ganadores los incluyeron a la fuerza para prefigurar un triunfo por la candidatura presidencial. Los alfonsinistas quisieron sacarlo fuera de la cancha al Vicepresidente, aunque sigue siendo dudoso que la interna del domingo pasado implique una resolución de la candidatura para 2011.
Toda interna siempre es buena porque consolida liderazgos. Alfonsín, como dijo un radical olavarriense, "el lunes se levantó ganador y candidato", pero esto no quiere decir que ya ganó la interna contra Cobos, salvo que se quiera creer en ello.
Dos ideas diferentes
La interna de la UCR podría leerse también como una puja entre dos concepciones que van más allá de la coyuntura, la de una posición frentista y una que se parece más a la histórica del radicalismo, la de oferta electoral sustentada únicamente en el partido.
Si bien "Ricardito" dice que su sueño es que vuelvan todos a los comités, él se inclina por una posición frentista contra la partidista de sus contrarios. Entonces, es posible que esta interna marque una inflexión histórica y que, como el peronismo, a partir del domingo ya fuese imposible definir la misma identidad sin concebirla como un frente. Parafraseando a Perón, los partidos que integran el Acuerdo Cívico y Social sostienen que "radicales somos todos". Se sienten así pero en un espacio más amplio, no quieren más disolver lo armado para volver al partido.
El problema se va a suscitar con las candidaturas y lo que dispone la nueva Ley Electoral, esto es, si Ernesto Cladera, para ser candidato del Acuerdo esté obligado a volver a la UCR, después de una amnistía general, claro, o si lo podría ser por consenso. Algo parecido pasaría con Julio Alem, aunque éste está construyendo más cerca del duhaldismo que del radicalismo. Se decía que Chango no tenía estructura, sin embargo hoy tiene dos, la duhaldista y la del partido que lo formó políticamente, porque seguramente el sector anticladerista correrá a refugiarse en él para contrarrestar el avance de los "acuerdistas" o "renovadores".
El colectivo de Massa
La unidad del peronismo no K resuelve los problemas arriba pero los genera hacia abajo, al menos en algunos distritos. En Olavarría, Mario Cura habló con su propia tropa del tema, también lo habría hecho con Marcelo Urlézaga y los Vitale también intentaron acercamientos con los exponentes del denarvaísmo. El problema para el curismo será cómo armar una estrategia electoral si es que José Eseverri define quedarse en el kirchnerismo. Mario Cura mantiene buenas relaciones políticas con el Intendente, lo que no implica que no se pueda ser adversario en varias cosas, pero bien se sabe que en una coyuntura electoral las posiciones se simplifican y se enfrentan para clarificarse ante la gente.
Eseverri está definitivamente dentro del espacio de Sergio Massa, pero todavía no se conoce adónde lo puede llevar ese colectivo, si al kirchnerismo o al peronismo disidente.
Dicen que a Kirchner le gusta la convocatoria que tiene el intendente de Tigre en los sectores independientes, mucho más de la que tendría Scioli, y que no descartaría una fórmula provincial de éste con algunos de los barones del Conurbano, caso el presidente de la FAM, Julio Pereira. Aparte, Massa aglutina a los intendentes más críticos del kirchnerismo que encuentran, como José, un buen refugio intermedio hasta ver si la imagen de Kirchner logra subir algo en un interior bonaerense que le sigue siendo adverso.
La lista para 2011
El Intendente de Olavarría se enfrenta hoy con una interna seccional, pese a que ninguno de los peronistas K que participa en esa agrupación quiere admitirlo.
Nadie desconoce que Walter Abarca y Gloria Bidegain, dos de los convocantes, están algo enfrentados con José Eseverri y que le disputan a éste el liderazgo seccional del kirchnerismo.
Además, el saladillense fue quien salvó a Adriana Capuano de la embestida de Eseverri para sacarla del PAMI. Pero detrás de todo esto no habría una simple disputa de poder sino que se oculta la confección de la lista para 2011.
Con ese objetivo, ese kirchnerismo le pretende disputar a José el lugar de Olavarría en la lista de diputados, y la puja podría darse entre Miguel Santellán y el candidato que designe Eseverri.
La agrupación que se formó en Azul aprovechó los cabildeos de José respecto del kirchnerismo para tomar la iniciativa y colocar a uno de Olavarría en la lista de diputados. Para ello harían una movida distractiva, como la de proponer la candidatura a intendente de Adriana Capuano y luego negociarla por la de Santellán en la Sección.
Los otros juegan con la desventaja que tiene José Eseverri de no estar afiliado al peronismo, cosa que no quiere hacer por ahora porque "lo satura la interna que además no puede manejar porque le llevaría mucho tiempo y tiene que gobernar", comentan sus allegados. Aunque no descartan que alguna vez deba hacerlo, pero suponen que si lo hace lo haría de última, si es que no le queda otra alternativa.
Transiciones
Los partidos de masas en la Argentina atraviesan desde hace tiempo una crisis ideológica que se entremezcla con lo institucional.
Tanto el PJ como la UCR terminaron ahogados en la burocracia y anquilosados ideológicamente.
En general, la dirigencia responsable de esa burocratización hizo de los partidos estructuras autoritarias, escasamente participativas e ideológicamente conservadoras. O simplemente cáscaras huecas que se fueron llenando políticamente con la orientación del mandamás de turno, como le pasó al peronismo, que fue populista o neoliberal según quien ejerciera el poder institucional.
Todo lo que hoy está pasando es transicional, tanto en uno como en otro partido. Posiblemente, en ambos espacios se esté formalizando la contradicción que siempre se dio, pero que se manifestó de otra manera menos institucional. Esto es, una corriente intervencionista y otra liberal o de mercado, muy similar a la alternancia que se da en las democracias europeas, aunque de muy compleja resolución interna. Lo que quiere decir que en el futuro quizás converjan en una misma estructura partidaria las líneas coincidentes aunque de origen político diferente.
Néstor Kirchner intentó construir esta conformación, reservándose para él el espacio de centroizquierda, pero después de la pelea con el campo terminó reeditando la dicotomía histórica e inconciliable entre pejotistas y ucerreístas.
La Reforma Política y las internas podría dinamizar y democratizar los partidos, pero a la vez ayudar a resolver esta contradicción ideológica que muchas veces terminó los terminó paralizando.
Excusas y oportunidad
En realidad, muchos radicales se amargaron con la diáspora general, pero ésta les vino bien para refugiarse en la comodidad del reproche, que los ayudó a eludir el dolor que produce una verdadera autocrítica.
En otras palabras, utilizaron demasiado tiempo para criticar y sancionar a los que se fueron en vez de hacer un crudo y descarnado análisis de por qué lo hacían. Es cierto, a nadie le gusta flagelarse, pero tampoco es bueno caer en el facilismo y la comodidad de transferir a otros los errores propios.
Es más, deberían pensar que quienes se fueron, más allá de quienes lo hicieron por oportunismo -siempre existen- la gran mayoría habría buscado espacios políticos que creían más progresistas o de mayor participación, tanto los que recalaron en el kirchnerismo como los que terminaron en el Acuerdo Cívico y Social.
Más allá de eso, las crisis de los partidos, las rupturas, las diásporas, deberían servir también para devolverle a la política su función transformadora de la realidad en beneficio de las mayorías, y para que esta actividad deje de ser ese compendio de maniobras huecas y sin contenido moral de lograr armados eficaces para triunfar en las urnas.
La misma ausencia de objetivos que, por medio al cambio y por no tener proyectos alternativos, llevó al gobierno de la Alianza a refugiarse en la convertibilidad cuando ésta hacía agua por todos lados.











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