La extendida idea de que Eduardo Brizuela del Moral tiene la cabeza en otra cosa se confirma (no hace falta dar más nombres propios de funcionarios, porque aunque podrían sumarse otros, todos sobreviven bajo su manto protector). Esta pueblada ocurrida en Andalgala así lo ratifica. La ausencia de los principales funcionarios del Gobierno, gobernador, ministros o secretarios de Estado en asuntos que hacen a la cosa publica, como lo es la minería, volvió a complicarlos directamente, no por su acción, sino por su deserción.
A estas alturas ya no importa la responsabilidad del ministro político Javier Silva en aquel fracaso legislativo, como tampoco en el caso de los graves incidentes de Andalgalá importan las responsabilidades del intendente José Perea, la cuestión de fondo es que el Gobierno provincial es el que volvió a quedar mal parado; dejando en claro su impericia, peligrosa a estas alturas, para el manejo de la cosa publica.
El comienzo de la explotación del yacimiento Agua Rica se da en un contexto totalmente diferente al de Bajo la Alumbrera. El inicio de la explotación de Bajo la Alumbrera, la sociedad catamarqueña estaba obnubilada Políticamente con las promesas que le hacia su gobernador de aquellos años, Arnoldo Castillo, a quien respetaba y por lo tanto confiaba (10.000 puestos de trabajo directos, otros tantos indirectos, una ciudad satélite a la mina, etc.).
Eso no pasa hoy; Eduardo Brizuela del Moral mantiene una imagen pública bastante aceptable, a pesar de sus gruesos errores, pero esa imagen no es transferible a favor de la actividad minera, no solo por desconfianza por la posible contaminación, sino porque está prácticamente comprobado que los beneficios no son tantos, no solo por los puestos de trabajo o el comercio millonario que se prometía a la región, sino porque hasta el 3% de regalías está cuestionado, por lo bajo.
Es totalmente mentira lo que declaró en referencia a la pseudapolítica minera del Gobierno José Sinner, "tratamos de hacer todo lo mejor posible como autoridad de control", indicó. No hacen nada serio. Y nada parece amilanar a los principales hombres de éste gobierno, ni el contexto político diferente, ni la amenaza publica de retirarse hecha por la empresa encarga de la explotación, con el solo interés de que le aprueben el informe de impacto ambiental, que a las apuradas terminó aprobándose en tiempo record, 24 horas, o el crecimiento constante del numero de adherentes a los movimientos que reclaman por el cuidado ambiental.
A estas alturas, ya no solo importa la violencia con que el FCS mandó a reprimir a Fernando Pino Solanas o al pueblo de Andalgalá; pensando en términos generales, los catamarqueños en su conjunto, si reconocemos el estado de político disperso, dilatado, retrasado en el que vivimos, que es el mayor responsable de las penurias que sufren cotidianamente la mayoría de nuestros comprovincianos, ya es hasta preciso ver que se puede oponer a tanta ineficacia, esterilidad, encarnada en la figura del gobernador Eduardo Brizuela del Moral. Este es el verdadero problema, no otro, que se le debe plantear a quienes hoy sienten escrúpulos por lo sucedido en Andalgalá.



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