Periplos de Macri: el placer de viajar

Hasta ahora, el jefe de Gobierno no firmó ningún convenio.
Cuarenta y dos días en el primer semestre de 2012. Trescientos veinte desde el comienzo de su gestión en 2007. Ochenta mil kilómetros recorridos sólo durante el año en curso, entre misiones oficiales al exterior, vacaciones al sur y visitas de campaña al interior. Como diría Pipo Pescador, "el viajar es un placer que nos suele suceder". Pero Mauricio Macri y su -es cierto- discreta comitiva no pasean en el auto de papá sino en aviones de línea, en primera clase, con asientos cama y aeromozas que se convierten en sommeliers. Después de todo, se trata de un dignatario de Estado que hizo como corresponde la previsión presupuestaria de sus gastos: para 2011 y 2012, la ley destinó 8 millones de pesos a esas misiones. Con esos recursos, en enero viajó a Chile para entrevistarse con el presidente Sebastián Piñera; en abril viajó a Armenia y a Alemania (con paso rasante por Luxemburgo, un paraíso fiscal donde supuestamente intentó conseguir financiamiento); en junio voló a Río de Janeiro para dar el presente en la, a la postre, fallida Cumbre de la Tierra; y en julio cumplió una gira por Singapur y Dubai. Los viajes domésticos fueron a Mar del Plata en enero, al Festival de Cosquín, Mendoza y Santa Fe. Semejante raid no está mal si se trata de mostrar vitalidad o de atraer inversiones, pero como señalan desde la oposición, todos los desplazamientos del jefe de Gobierno -excepto sus vacaciones- tienen un común denominador: mostrarse como candidato presidencial con vistas a 2015. Lo dicen teniendo en cuenta los resultados, ya que de esos viajes no emergieron siquiera convenios firmados.

Antes de partir a Singapur, sin embargo, y consciente también de que el "mundo se nos cae encima", instruyó a sus ministros para cuidar el mango y que eviten gastos innecesarios -eso dijo- como los del área de Cultura. Y para no caer (aún) en la racionalización de gastos corrientes y salarios, tomando como espejo lo que sucede en la provincia de Buenos Aires, apuró y logró el jueves pasado la ampliación del Presupuesto vigente (de 32 mil quinientos millones de pesos) en una cifra cercana a los 3.400 millones. El recurso de ampliar el presupuesto votado en 2011 después del primer semestre del año en curso es un "truco" que viene usando el jefe del PRO desde que es gobierno. En este caso pidió, por ejemplo, 500 millones de pesos para el nuevo Metrobús que unirá Pompeya y Constitución; para la peatonalización casi completa del Microcentro porteño; para extender en 50 kilómetros las bicisendas y para un distribuidor de tránsito en la terminal de Retiro. Pero más allá de estas obras de infraestructura que harán mejor la vida de los vecinos, la ampliación del Presupuesto apunta a reunir los recursos necesarios para enfrentar la quita de subsidios de la Nación que hasta ahora suma 360 millones al año sin contar, desde luego, los que deberá afrontar cuando efectivamente se traspasen los subtes y las 33 líneas de colectivos porteñas. Por ahora, Macri abre el paraguas porque de la lluvia que caerá tal vez ningún viaje lo podrá salvar.

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