Por Osvaldo PepeLas redes sociales son una gran pasarela global que ya trascendieron su rol inicial de mostrar y mostrarse. Cada vez más, en el país se usan para husmear ofertas y comprar productos, y son las propias empresas las que se suben a ellas para interactuar con sus público s, según surge del estudio de una consultora sobre la relación de consumidores y marcas en esos foros.
“Si no está en Facebook, no existe” , dicen los más convencidos, quienes le atribuyen a las redes la virtud de haber cambiado las reglas de la comunicación : ya no hay un medio como emisor exclusivo de contenidos, sino incontables emisores simultáneos , tantos como los usuarios se propongan. La comunicación, dicen, ya no es vertical y lineal, sino horizontal y envolvente.
Del otro lado, presumen que ese alud de mensajes, caótico y anárquico, es más ruido que comunicación.
Más diversidad, siempre bienvenida, que contenidos, imprescindibles para informar y comunicar con sentido . El fenómeno no debería soslayarse , aunque convendría no apresurarse en los pronósticos. Algo es altamente probable, cada vez que se habla de horizontalidad, del cambio de paradigma de la comunicación, del ocaso de los diarios y con ellos del periodismo tal y como lo conocimos en el siglo XX, ciertos gobiernos y políticos descorchan champán . Es que ese escenario es funcional a la prédica que deslegitima al periodista profesional , a los medios como empresas de noticias y, sobre todo, a la función crítica que le cabe al periodismo en la sociedad , un actor siempre incómodo para el poder.
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