Como casi todo en este país, el periodismo sufrió una profunda transformación en los últimos años, de la mano de la revalorización de la política. Cuando arranqué en esto, hace no tanto, ciertas debates que hoy tomaron la calle estaban reservados a ámbitos mucho más acotados.
Desde este lugar el periodismo militante es inobjetable. Todos tenemos una mirada sesgada e interesada de las cosas y quienes hacemos periodismo la volcamos inevitablemente en nuestro trabajo. Si aceptamos esto, ¿cuál es la diferencia entre un periodista militante y alguien que se planta ante una nota con la intención (conciente o inconsciente) de agradarle a un jefe, forjar un lobby o simplemente obtener entradas gratis a recitales o levantarse chicas?
Todos analizaremos, interpretaremos y volcaremos en el papel la información desde una perspectiva distinta y veremos en los mismos hechos distintas noticias. Cada cual atiende su juego. Todos jugamos. Insisto: honestidad es contarle al lector para qué equipo se juega. (Un ejemplo. En los Estados Unidos, al comienzo de cada campaña, los diarios sacan una editorial anunciando a qué candidato van a apoyar y por qué. Después siguen haciendo periodismo, pero el lector ya sabe desde dónde analizar lo que lee). Un último argumento ante los planteos que intentan impugnar el periodismo militante (como, si por otra parte, fuera algo nuevo): Rodolfo Walsh. De Lanata prefiero no hablar. Es el Pomelo del periodismo.
Ahora, todas estas salvedades llegan hasta el borde donde comienza aquello que le da sentido a nuestro trabajo. Somos periodistas entonces: a) contamos lo que pasa, nuestra mirada de lo que pasa o una versión de lo que pasa. Nunca algo que no pasa. Esto es: un periodista no debe mentir, por más militante que sea. Puede privilegiar cierta información sobre otra, puede exponerla de forma que se lea con uno u otro sentido.
Puede, incluso, omitir ciertas cosas, llegado el caso. No mentir. Cada línea de una nota tiene que reflejar una contraparte en el mundo real. b) somos curiosos por imperativo profesional. Debemos indagar. No podemos ser obsecuentes ni complacientes, aunque tengamos que entrevistar a un amigo, un compañero de militancia o un referente con el que nos sintamos identificados. Exigirle lo mejor de sí, poner en evidencia sus debilidades, escarbar en sus contradicciones. Eso también es hacerle un favor al entrevistado. La próxima, el que esté del otro lado puede no tener tanbuena leche.
Comentá la nota