Periodismo enemigo

Por Alfredo Leuco

La Presidenta va con un discurso de concordia. Pero sus funcionarios insisten en atacar a un sector de la prensa.

El GPS ideológico del Gobierno está recalculando. Está buscando el mejor camino hacia el 60% de los votos. La Presidenta, en sus discursos, viene reformateando algunos dogmas que fueron parte del disco duro de la izquierda peronista. Ya no quedan ni cenizas de aquel viejo imperialismo norteamericano que encabezaba todas las listas de enemigos. Hoy, es un país presidido por Barack Obama quien debería aplicar el keynesianismo patagónico que inventó Néstor si quiere salir de la crisis. Cristina confiesa que ahora reconoce que la globalización es una oportunidad y no una amenaza, como pensaba hasta no hace mucho. Que no hay nada más complementario que trabajo y empresa en una alianza de clases que jubila esa parte de la marchita que incitaba a combatir el capital. Igual que sus fieles guardianes intelectuales, que son veloces para encontrar un marco teórico que justifique los volantazos de pragmatismo, ubica un enemigo principal y otras contradicciones secundarias. A cincuenta días de lograr su reelección, veamos quién es quién para la Presidenta con más poder desde 1983.

Son temas menores la lucha contra la corrupción y el enriquecimiento ilícito de los más altos funcionarios. Eso valía hasta 2003. Cayó en desuso. O la camarilla de históricos empresarios que llenan sus bolsillos de subsidios y negocios con el Estado y que alguna vez fueron estigmatizados con el rótulo de “la patria contratista”, hoy rebautizados “burguesía nacional”. Mucho menos cuestionable es todavía la patronal identificada como amigos de la casa, que vienen engordando sus cuentas bancarias desde la intendencia de Río Gallegos en adelante. Tampoco hay antagonistas entre los dirigentes sindicales, intendentes o gobernadores ideológicamente derechistas y conceptualmente feudales, quienes también se hacen millonarios súbitamente. ¿Cuál es el enemigo principal, entonces? El oficio de periodista. Y ojo que con toda premeditación y alevosía digo “periodista” y no hablo de medios ni hegemónicos ni monopólicos ni destituyentes. Porque desde el fondo de su historia política, el kirchnerismo viene ejecutando con bastante éxito un operativo demolición del trabajo de los cronistas. Es el “enemigo deseado”. La satanización del periodismo es infantil, pero funcional. Nunca pueden ganar porque no participan de las elecciones, y son los que articulan a la oposición con operaciones políticas de baja calaña y atentan contra la democracia. ¿No será mucho? Incluso, armados de un show mediático amarillista, son los responsables de que hayan asesinado a Candela. ¿Cuánto falta para que la materia gris oficialista culpe a los cronistas de la desaparición de Jorge Julio López o de las muertes del policía Jorge Sayago en Santa Cruz o de los crímenes de los militantes clasistas y combativos de Jujuy?

Desempolvando los viejos libros del camarada Mao, pueden sostener desde el oficialismo que “debemos apoyar todo lo que el enemigo combata y oponernos a todo lo que el enemigo apoye”. Néstor y Cristina fueron la vanguardia y enseñaron el camino. Movileros, redactores rasos, escribas de diversas estaturas, trabajadores de prensa en general fueron puestos a la parrilla pública con nombre y apellido, ignorando la brutal disparidad de poder que existe entre un presidente o la maquinaria estatal y un laburante. Imitaron el ejemplo de ese varón argentino tanto Florencio Randazzo como Amado Boudou, en una suerte de competencia por ver quién agradaba más a la Presidenta. Ella pide en la intimidad que les den duro y para que tengan a los esbirros de los medios que cometan la osadía de criticarlos, opinar en contra o revelar algún tipo de contradicción o inconsistencia en las declaraciones juradas. Ni olvido ni perdón; persecución. Seguimiento obsesivo de todo lo que se escribe o se dice y castigo a los culpables. Hay otro concepto maoísta que bien puede servir como un arma de doble filo. Que justifique el hostigamiento de Estado al periodismo o que revitalice esa maravillosa tarea de informar con la mayor rigurosidad y ecuanimidad posible, de ampliar al máximo los márgenes de libertad y, sobre todo, pararse en esa postura ética de “ser fiscal del poder y abogado del hombre común” que pregonaba Albert Camus. “Es mejor aún si el enemigo nos ataca con furia y nos pinta de negro y carentes de toda virtud, porque eso demuestra que no sólo hemos deslindado los campos con él, sino que hemos alcanzado notables éxitos en nuestro trabajo.” Este Mao auténtico de 1939 es funcional tanto al Gobierno como al periodista no militante. Cualquiera de los dos puede utilizar esta cita para confirmar que va por buen camino. Pobre del periodista que sea elogiado por el Gobierno. Le extirpan su razón de ser, que es la mirada crítica. Lo esterilizan, le vacían su ADN cuestionador y lo reducen a la servidumbre, a la categoría de un secretario de gacetillas y propaganda. Lástima que, en nuestro país y con nuestra historia, la palabra “enemigo” es muy peligrosa porque remite a la muerte y nadie quiere ni merece semejante locura.

Por eso, bienvenida sea la voz presidencial que llama a bajar un cambio, a ser más prudentes en la utilización de terminología cargada de pólvora y más responsables de nuestros actos. No importa si por ahora son jueguitos para la tribuna o se está fingiendo cautela. Dicen los sexólogos que fingir el orgasmo es el primer paso para sentirlo de verdad.

Apostemos a ese diálogo que apunte a la paz social y a corregir los errores del modelo, como dijo la Presidenta. Pero cuidado con la sumisión verticalista absoluta que no le permitió a De Mendiguren deslizar siquiera la palabra “inflación”. Tuvo que apelar al diccionario de eufemismos K y hablar de “tensiones del crecimiento”. Al final, como un llamado a la redistribución de la riqueza, sonó Fito con Dar es dar. Error: lo ideal hubiera sido La Mancha de Rolando.

Es necesario que los sectores del trabajo y el capital se sienten civilizadamente a negociar sus diferencias para no dinamitar el crecimiento con inclusión en marcha al desarrollo. Pero la obsecuencia que silencia y obedece nunca es buena en democracia. Cristina dijo que sólo hay que confrontar con los problemas y no hay que pelearse con nadie. Está claro que va a buscar el 60% de los votos y después del 23 de octubre se verá. Por ahora, las desmesuras de Randazzo, Boudou y Juan Manuel Abal Medina, entre otros, parecen más orientadas a castigar al enemigo principal. ¿Hay un doble discurso o algo está cambiando? Vendría bien algún anuncio concreto de “Moderación para todos”… y todas.

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