“Es un problema social que tiene que tener una solución social”, aclaró el responsable de Relaciones Institucionales de la Empresa Provincial de la Energía (EPE), Raúl Stival, pero inmediatamente afirmó que “las conexiones irregulares en las zonas periféricas de la ciudad están causando graves daños al sistema eléctrico”.
Se estima que en Rosario hay entre 60 y 70 mil “usuarios no clientes” (enganchados) y el vocero de la empresa explicó que “el problema es que con el frío y ante la falta de gas natural, esa gente busca calefaccionarse con estufas a cuarzo que llegan a triplicar el consumo promedio de una vivienda”.
El aumento de la demanda de energía durante las últimas semanas se hizo sentir, sobre todo cuando las temperaturas fueron menores a cero grado. La empresa apuntó a los “enganchados” y reconoció que “se trata de un problema social”. Inclusive, Stival recalcó que “hay una política clara de no cortar el servicio en estos casos; menos aún con temperaturas bajo cero, aunque haya conexiones irregulares”.
Sin embargo, reclamó “un uso racional, porque la sobrecarga de las líneas produce daños”. Los problemas se dan en los barrios más carenciados, donde las alternativas para calefaccionar las viviendas no abundan.
Sobrecarga. El responsable de Relaciones Institucionales de la EPE explicó que “el servicio de media tensión conecta con las estaciones transformadoras aéreas, que son las que alimentan las líneas de baja tensión y distribuyen la energía en los diferentes barrios” y agregó que “es ahí donde se
enganchan”.
Si bien en Rosario se estima que son entre 60 mil y 70 mil los usuarios no clientes, a nivel provincial suman 150 mil.
“En las épocas de verano no se presentan mayores problemas y las líneas responden, pero como en invierno comúnmente se utiliza más de una estufa eléctrica para calefaccionar los ambientes y estos artefactos tienen un alto consumo, se producen los cortes”, detalló Stival.
En ese punto, el vocero de la EPE subrayó que “una estufa de cuarzo consume más de mil watts; eso equivale al consumo de más de diez lámparas de 100 voltios encendidas al mismo tiempo”. Y añadió que “normalmente en una vivienda el consumo promedio, con heladera, computadora y televisor funcionando, es de entre 250 y 300 watts, entonces el uso de este tipo de estufas triplica ese gasto”.
Los daños. Ese exceso de demanda es el que provoca que “salten los fusibles de los cables o que incluso se quemen los transformadores aéreos que abastecen las líneas de baja tensión”.
Es más, Stival aseguró que en lo que va del invierno fueron 12 los artefactos de este tipo que se quemaron en la ciudad.
“Intentamos arreglarlos por todos los medios”, dijo el referente de la empresa provincial y puntualizó que en los barrios Cabín 9, Las Flores y Santa Lucía “hubo que reponer estos transformadores porque directamente se
quemaron”.
Sin números. Si bien la EPE no tiene cuantificada la inversión que implica este tipo de situaciones, Stival indicó que “más allá de lo que cuestan los materiales a reponer, hay que sumar que hubo días en los que más de 20 cuadrillas de la empresa estuvieron trabajando simultáneamente en la calle para solucionar este tipo de situaciones”.
Como el pronóstico del tiempo viene con más temperaturas bajo cero para los próximos días, el funcionario recordó el pedido de “uso racional”.
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