Pequeño gran cambio en el mapa oficialista

Pequeño gran cambio en el mapa oficialista
El martes pasado ocurrió algo más que la asunción de Hugo Moyano al frente del Partido Justicialista bonaerense. Se consumó en la práctica una hipótesis política que tiene varios meses, o años, en curso.
Es aquella que da cuenta de el líder camionero y de la CGT puede gozar y hacer uso intensivo de una autonomía que no puede ser imitada ni por gobernadores, legisladores y otros referentes.

Finalmente, concretó su tan preciado anhelo e la conducción de una estructura partidaria histórica. Pero no sólo eso. También hizo gala de poder voltear el vallado que se había intentado de promover una comisión de acción política fomentada por intendentes del Conurbano.

Muchos se preguntan si es una escala en una carrera que tiene otras metas como la candidatura a la Gobernación.

Se supone que este avance en la rama territorial partidaria no es gratuito y puede producir señales a corto plazo. Pero el sindicalista parece ser un tiempista y, por el momento, no blanqueará sus aspiraciones para la Provincia.

A través de sus más conspicuos voceros, deslizó que sólo le interesa ser reelecto al frente del Sindicato de Camioneros, para reforzar esa estructura como cabecera de playa para volver por la CGT.

En otras corrientes que integran el kirchnerismo provincial –que ya cuenta con varios referentes- no ocultan cierto gesto de suspicacia, pero callan toda expresión confrontativa para no atizar el fuego.

El primero en adaptarse a esta nueva realidad política fue el propio gobernador Daniel Scioli, quien ve en Moyano un eventual competidor para el 2011. El sindicalista se mostraba como alguien lejano desde la referencia de temáticas más relacionadas con la agenda nacional. Pero ahora será un interlocutor obligado y rutinario.

Y será un esfuerzo del propio mandatario mostrarse, siempre en igualdad de condiciones, con el nuevo protagonista. Demasiado costo político implicaría subordinarse, en los hechos y en la imagen, a un nuevo referente político que se sume a la hegemonía de los K.

Según trascendió, desde hace aproximadamente 10 a 15 días, hubo algún sondeo desde sus segundas líneas para monitorear eventuales nubarrones en el nuevo horizonte que trazará esa relación.

Por el momento se registra una tensa calma. Pero que puede conmoverse tan sólo cuando el nuevo conductor partidario provincial muestre alguna iniciativa que obligue a un seguimiento incondicional o ante la expresión de algún pequeño matiz de interpretación de la realidad económica y social.

No hay razones para algún exceso de esas características. Lo cierto es que la voluntad es que la sangre no llegue al río. Las dimensiones de la vereda del oficialismo, achicadas en junio del año pasado, pueden correr el riesgo de mayores adversidades.

En lo inmediato, habrá pruebas para que ambos superen con su habitual cintura política. Pero siempre hay límites. Aquellos que demandan la responsabilidad de la gestión por un lado y la coherencia en el discurso sindical por el otro.

Por caso, están en curso de tratamiento algunas iniciativas como nuevas leyes de paritarias para algunas ramas sectoriales en la Provincia, como meta histórica del sindicalismo. Y también las demandas salariales empiezan a hacer más ruido que de costumbre en las transitadas calles adyacentes a la gobernación.

Más tarde vendrá la arista de la política interna, que tiene que ver con la recuperación del porcentaje del 30 por ciento de los cargos electivos para la rama sindical que Moyano viene pregonando en su círculo íntimo desde hace ya un tiempo.

Moyano no debería ser un gran problema para Scioli si éste actúa a tiempo y sabe prevenir por donde vendrán eventuales conflictos. Pero no da señales de cómo actuará ante puestas en escena riesgosas de demandas políticas internas.

Por ejemplo, nada ha dicho de la avanzada reproducción de pre-candidatos a la gobernación bonaerense como respuesta de Néstor Kirchner ante la “fidelidad al proyecto nacional” o ante la demostración de Scioli de recuperar fuerte terreno en las encuestas.

Algunos especialistas en opinión pública señalan que, salvo que haga un ejercicio impecable y muy eficaz de gestión, el salvavidas de plomo que le reserva Kirchner al obsequiarle un escenario de fuerte competitividad en una interna partidaria jugará en contra de su imagen positiva y su intención de voto.

El afán del referente nacional para que elijan “proyecto” y no a una “persona” está cerca de cruzar los límites. Pero nadie se anima a explicarle. ¿Encierra esto el temor de un probable esquema futuro de concentración de poder en Scioli?.

Muy pocos deben saber qué pasa con el pensamiento del líder del kirchnerismo. Pero desde lo fáctico, todo hace presumir que el esmerilamiento de su principal ejecutor en territorio bonaerense se encuentra en estado latente.

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