"Pepe" Tobal: Soy un laburante y hago lo que puedo

Desde 2001 puso su productora al servicio de campañas de comunicación que insten al cambio de conductas ciudadanas.
José Luis “Pepe” Tobal (55) hace 30 años trabaja como director y productor de contenidos audiovisuales en Córdoba.

La crisis de 2001 lo impulsó junto a un grupo de productores y creativos a establecer la Fundación Wachay, una organización sin fines de lucro que intenta generar conciencia sobre la responsabilidad ciudadana y el consumo consciente a través de campañas de comunicación.

Pepe se autodefine como un eterno inconformista. Y, aunque no lo reconozca, es de los que plantaría su manzano aún si supiera que mañana el mundo estalla en mil pedazos.

Fundación Wachay. Mientras explica que Wachay es una palabra de origen quechua que significa “la acción de nacer” advierte que todas las personas que trabajan para cambiar algo en la sociedad lo hacen porque no se sienten cómodas con lo que ven en la realidad.

“Mi psicóloga me dice que tengo que aceptar la realidad tal cual es, pero me cuesta aceptar que las cosas sean así cuando creo que no deberían serlo”, reconoce. El productor cuenta que en una época producía contenidos publicitarios, pero que se sentía vacío, hasta que hace 11 años hizo “clic” en su trayectoria como productor. “Con esa crisis tomé conciencia que teníamos herramientas de comunicación y que podíamos ayudar a crear conciencia ciudadana para mejorar la calidad de vida de todos”, relata.

“Aprendí más de los habitantes de una tribu en Sierra Nevada, en Colombia, o de los trabajadores de las plantaciones de castaños en Madre de Dios, en Perú, que de algunos intelectuales con título de doctores”, reconoce con su particular ironía.

Cuando estuvo en Sierra Nevada se sorprendió de la conciencia que tienen las comunidades sobre su propia identidad. “Una vez fue un equipo de la National Geographic a hacer un documental, pero la tribu no se reconoció en esa producción audiovisual. “Así que se dieron cuenta que tenían que contar su propia historia y abrieron un centro de producción audiovisual para contar su propia cosmovisión”, cuenta.

“A veces uno trata de hacer cambios para afuera cuando en el fondo siente la imposibilidad de hacerlo adentro. Soy muy exigente conmigo mismo y siempre pienso que las cosas pueden salir aún mejor. A veces puedo disfrutar de mis logros”, reconoce.

Hay de todo. El productor advierte que en el mundo del voluntariado hay de todo. “Hay que desmitificar que el tercer sector es la mafia de los buenos.

Eso es mentira, en este mundo del voluntariado hay buenos, más o menos y malos, como en todos los ámbitos”, señala. No obstante, admira a los que dan su vida por su voluntariado. “Soy un laburante, hago lo que puedo y trato de poner mis conocimientos en comunicación para causas que creo valen la pena”, dice.

Considera que así como la publicidad logra incentivar a comprar estupideces también puede incentivar a respetar una senda peatonal o concientizar que el agua no es un bien inacabable. “Los medios son nuestros aliados y en estos años hemos trabajado en conjunto”, cuenta entusiasmado.

Pepe está casado y tiene cinco hijos y dos nietos. “Cuando hay que arremangarse toda mi familia me ayuda”, dice. Tiene cinco hijos: Pepi (31), Juan Pablo (28), Ignacio (25) y los mellizos, Nani y Javier (20); y dos nietos, Thiago (3) y Manuela (1).

“Mi esposa, Dalmira, se ocupa del área de comercialización en la productora. Sé que valora mucho mi trabajo y me ayuda en la parte administrativa y en la búsqueda de fondos en la fundación”, finaliza orgulloso

Comentá la nota