Con el respaldo de EE.UU., Seúl anunció represalias por el hundimiento de una corbeta; dijo que responderá a cualquier agresión
Con el apoyo explícito de la Casa Blanca, el presidente de Corea del Sur, Lee Myung-bak, advirtió que Corea del Norte "pagará el precio" por el ataque en el que murieron 46 marineros surcoreanos, y anunció el cese de todo intercambio comercial con su empobrecido vecino comunista. En un discurso televisado a todo el país, el mandatario anunció también que llevará el asunto al Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, que ya ha impuesto sanciones a Pyongyang en el pasado.
Estados Unidos, aliado incondicional de Seúl, advirtió que la situación es "altamente precaria", mientras que China, el único gran aliado de Pyongyang, instó a la calma.
Además, Estados Unidos, que tiene 28.000 soldados desplegados en la península coreana, anunció la próxima realización de ejercicios navales conjuntos con Corea del Sur.
El vocero del Pentágono, Bryan Whitman, dijo que las maniobras que se harán "en un futuro próximo" tienen como objetivo mejorar la capacidad de los dos países de detectar la presencia de submarinos enemigos y bloquear el paso de naves con cargamento nuclear.
El anuncio supone la mayor respuesta de la Casa Blanca a las tensiones crecientes entre las dos Coreas, tras el hundimiento de la nave surcoreana. La pasada semana se publicó un informe elaborado por expertos internacionales, que confirma la responsabilidad de Corea del Norte en el ataque que sufrió la corbeta Cheonan. El hundimiento de este buque surcoreano es el peor incidente entre ambos países en la disputada frontera marítima del mar Amarillo (mar Occidental) desde el fin de la guerra de Corea (1950-1953), que terminó con un armisticio y no con un tratado de paz.
El secretario general de las Naciones Unidas, el surcoreano Ban Ki-moon, ayer dijo que confía en que el Consejo de Seguridad del organismo adopte "medidas apropiadas" en respuesta al ataque. Ban dijo que las pruebas de la responsabilidad norcoreana en el torpedeo del navío son "abrumadoras" y que comparte la "condena generalizada" a las acciones de Pyongyang.
En respuesta a la agresión, el presidente Lee Myung-bak, anunció ayer el bloqueo de todo comercio con su vecino del Norte, al que negará, además, todo paso marítimo.
"Siempre hemos tolerado la brutalidad de Corea del Norte, una y otra vez. Lo hicimos porque siempre hemos tenido un anhelo genuino por la paz en la península coreana" dijo Lee. "Pero ahora las cosas son diferentes. Corea del Norte pagará el precio que corresponde a sus actos provocativos", añadió.
Lee, que llegó al poder en 2008 con una política de mano dura contra Pyongyang, advirtió, además, que Seúl responderá de forma inmediata en caso de otra provocación norcoreana. "Ejerceremos inmediatamente nuestro derecho a la autodefensa si nuestras aguas territoriales, espacio aéreo o territorio son violados", enfatizó el mandatario.
Apoyo inequívoco
En Washington, el gobierno de Barack Obama dio órdenes a sus mandos militares de que coordinaran estrechamente con sus pares surcoreanos para "garantizar que están preparados para impedir futuras agresiones".
Así consta en un comunicado emitido ayer, en el que la Casa Blanca expresó su "inequívoco" apoyo militar a la defensa de Corea del Sur.
Con la secretaria de Estado de Estados Unidos, Hillary Clinton, en Pekín, Washington presionó a China para que controlara al hermético Estado norcoreano, que ya está enfrentado con la comunidad internacional por su programa nuclear. Pero China ha evitado tomar parte en el asunto. Los analistas dicen que teme desestabilizar al gobierno del dictador Kim Jong-il, que se ve cada vez más débil mientras intenta asegurar la posición de su hijo menor como sucesor de la dinastía familiar que ha regido el Estado durante más de 60 años.
Agencias AP, EFE y Reuters
LAS CLAVES DE LA ESCALADA
-¿Por qué se intensificó la tensión en la península coreana?
-La nueva crisis entre las dos Coreas estalló luego de que una comisión internacional presentó evidencias que inculpan al gobierno norcoreano por el hundimiento de un buque surcoreano el 26 de marzo pasado, en el que murieron unos 46 marinos.
-¿Qué probabilidades hay de que estalle una guerra?
-La mayoría de los analistas considera que mientras Seúl no abra fuego, la guerra entre ambas naciones no estallará. Las fuerzas armadas de Pyongyang son obsoletas, y el régimen es consciente de que si se desatara una guerra a gran escala, perdería contra su vecino del Sur, mucho mejor equipado y respaldado militarmente por Estados Unidos, que cuenta con 28.000 soldados en la península.
-¿Qué es lo que está tratando de demostrar Kim Jong-il?
-Si bien Corea del Norte negó haber disparado el torpedo que provocó el hundimiento de la corbeta, los expertos opinan que el ataque respondió a una orden directa de Kim, en respuesta a un choque naval que habían protagonizado ambos países en noviembre de 2009. Según algunos analistas, la nueva provocación sería una cortina de humo para distraer a la población de los apremiantes problemas económicos internos que enfrenta el régimen.
-¿Qué papel tiene Estados Unidos en el conflicto?
-La Casa Blanca emitió ayer un comunicado de pleno respaldo a Corea del Sur y advirtió que el apoyo a la defensa de ese país es "inequívoco". El gobierno de Barack Obama, sin embargo, aún confía en una solución negociada. Un conflicto armado no sólo haría correr sangre en la península de Corea, sino que representaría una amenaza para Japón y, además, contribuiría a acentuar la rivalidad entre Washington y Pekín.
-¿Qué papel tiene China en la crisis?
- Hasta el momento, China, el único gran aliado de Corea del Norte, ha evitado tomar parte en el asunto, porque, según los analistas, teme que cualquier acción provoque el colapso de la ya debilitada Corea del Norte, así como la expansión del conflicto hacia su territorio.



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