PorRicardo KirschbaumLa Presidenta no ignoraba ayer que la cuotificación del papel de diario, ejercida en otros tiempos para debilitar voces críticas y favorecer a las amigas, es una herramienta desde el Estado que se puede usar arbitrariamente.
Una fábrica nacional de papel de diario fue una respuesta que se venía buscando para que ese poder de manipulación política estatal disminuyera . También fue una contribución a la autonomía nacional en un insumo estratégico.
El control de una fábrica de papel prensa por el Estado abre una posibilidad cierta de influir pasiva o activamente en los contenidos de los medios que necesitan imprimir sus opiniones y noticias.
Cristina no habló de que existe otra fábrica de papel de diario -Papel del Tucumán- a partir del bagazo. En sus orígenes, nucleaba a diarios del interior. Ahora se dedica a hacer fundamentalmente papel de obra, que no era el objetivo del régimen de promoción al que se habían acogido sus dueños.
Tampoco debe ignorar la Presidenta que los directores estatales de Papel Prensa, entre ellos los nombrados por Kirchner y confirmados por Cristina, aprobaron todos sus balances y sus políticas comerciales.
La concepción de que los medios que económicamente pueden resistir la presión oficial constituyen un poder supraconstitucional es de una gravedad superlativa. Lo dijo Cristina ayer.
Eso es lo que mueve al Gobierno, por todos los atajos, a disciplinar a aquellos que creen que la democracia precisa medios de comunicación libres de cualquier amenaza de censura.
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