Pelea con el PJ disidente: los K no miden costos, ni siquiera propios

Por Eduardo Aulicino

Hay quienes bromean en el peronismo desalineado sobre el último escrache padecido por Felipe Solá

“Los muchachos K hicieron todo el gasto, hasta movieron más gente, pero el que hizo negocio fue Felipe”, dicen sobre el impacto que terminó teniendo un modesto acto en San Nicolás. Más serios, evalúan la sucesión que enlaza esa agresión con las que sufre Eduardo Duhalde. “Manejan la agenda al detalle”, afirman, para sugerir tareas de servicios de inteligencia. Y agregan otros datos: también sufrieron escraches o intentos similares referentes de otros distritos y dirigentes de menor exposición, especialmente en la Provincia.

Asoma una aparente contradicción en los movimientos del kirchnerismo, que promueve de manera directa o indirecta -como reflejo del modo más amplio de entender la política- ese tipo de episodios y al mismo tiempo deja trascender que su objetivo es que el peronismo disidente participe de las elecciones internas para definir candidaturas. Pasado el Mundial al menos para la Argentina, los pasos políticos serán más evidente, pero ya las primeras señales proyectan el juego integral para desarticular al PJ crítico.

En rigor, Néstor Kirchner aspira a neutralizar el riesgo que supone la existencia del peronismo disidente. Imagina derrotarlo en la interna, para luego encarar la elección general como única expresión del justicialismo, sin el desafío de que otra fuerza compita de manera directa por el voto peronista. Ese sería un escollo difícil, enorme, para sus ilusiones de evitar una segunda vuelta o de enfrentarla con posibilidades de éxito, algo que no pronostican ni siquiera las encuestas que maneja el oficialismo.

El desafío para Kirchner es doble: lograr que los peronistas disidentes acepten dar la pelea en las primarias justicialistas, pero apostando antes a debilitarlos con un esmerilamiento en continuado. Por supuesto, del otro lado se congregan dirigentes que también exhiben mucho kilometraje en estas carreras: saben cuál es el juego de Olivos, que mantiene su enorme presión sobre gobernadores e intendentes para evitar fugas o guiños hacia la otra vereda.

El Gobierno dio a conocer la semana pasada los aspectos centrales de la reglamentación de la ley que establece las internas abiertas, simultáneas y obligatorias para la consagración de candidatos. Fuentes del duhaldismo y de otros sectores enfrentados al kirchnerismo admiten que existieron señales para mostrar disposición al diálogo. Algunas partieron desde oficinas de la Casa Rosada, otras desde despachos del Congreso. Pero un dirigente duhaldista aclara: “Ninguno nos habló concretamente de la reglamentación, no se abrió la discusión ni se cruzaron borradores”.

La difusión de aquella reglamentación, que aún es analizada por técnicos del peronismo disidente -y también de la oposición-, no ha cambiado las posiciones previas. El duhaldismo sigue reclamando “reglas de juego claras”. Ni siquiera el tema de las alianzas quedó saldado: Duhalde pretende que los acuerdos con otros partidos -y su expresión en las listas- quede reservada al candidato a presidente que gane la primaria. Otros sectores muestran diferentes reacciones: cerca de Francisco de Narváez prefieren esperar, mientras que Solá insiste en ir por afuera del PJ.

Así las cosas, el problema de los K no es que los escraches conspiren contra la idea de negociar con los peronistas desalineados para que acepten participar de la interna abierta. El punto es que esas agresiones, por el impacto público, tienden a favorecer a sus rivales.

Solá no desaprovechó la oportunidad: dijo que la agresión sufrida en San Nicolás confirma que con el kirchnerismo no hay posibilidad alguna de competir en una interna. Los duhaldistas también hacen sus cuentas políticas: “Si no favorecen a Duhalde, los escraches al menos son neutros para nosotros. Pero lo que está claro es que los perjudica a ellos”, evalúa un ex legislador. Una manera de advertir que en el reduccionismo costo-beneficio, los K parecen no evaluar los daños propios.

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