Denuncian que un ex vicario fue presionado para aparecer como responsable de ocultar a un cura violador en los 70. Pero aseguran que Benedicto XVI estaba al tanto del caso. Ayer dijo que "la Iglesia ha sido herida por nuestros pecados".
Es el vicario de la arquidiócesis de Munich en los tiempos del cardenal Ratzinger, monseñor Gerhard Gruber, el personaje que hace detonar nuevamente el caso que más compromete en uno de los escándalos al propio Pontífice.
Según Der Spiegel los allegados a Gruber, que hoy tiene 81 años y vive retirado, sostienen que el ex vicario fue apretado para dar una vía de fuga de sus propias responsabilidades a Joseph Ratzinger.
Monseñor Gruber habría sido presionado concretamente por el arzobispado de Munich y en una carta a sus amigos el ex vicario contó que había recibido por fax del mismo arzobispado, la carta ya lista con la declaración en la que Gruber asume "haber actuado en modo arbitrario en el caso del sacerdote Hullermann". El ex vicario sostiene ahora que no quiere seguir siendo el chivo emisario de una historia tan difícil y niega haber actuado con "arbitrariedad".
En la Iglesia cuando ocurrían estos casos de abusos sexuales por parte de un sacerdote, la prioridad era al "bien de la Iglesia" para lo cual se buscaba evitar el escándalo. El primer lugar, él o los responsables eran trasladados a otras diócesis. Fue lo que ocurrió con el padre Hullermann y en la sede de la arquidiócesis hubo una reunión presidida por el arzobispo Joseph Ratzinger. La versión del Vaticano, que respondió a las denuncias del The New York Times fue que la decisión del actual Papa estableció que Hullermann recibiera una terapia psiquiátrica, pero que no realizara actividades pastorales en una parroquia, sobre todo donde hubiera chicos.
Pero días después otra carta concretó una orden que autorizaba al sacerdote pedófilo a realizar tareas comunes en la parroquia. Hullermann volvió a las andadas y fue años después condenado por otros casos de abusos sexuales a menores. El vicario Gruber asumió todas las culpas. En la carta que ahora dice que le escribieron en el arzobispado, dijo que se había equivocado y que el arzobispo Ratzinger no sabía que Hullermann volvía a poder acercarse a víctimas potenciales. Según The New York Times, el actual Papa fue informado que Hullermann volvía a sus actividades pastorales.
Para Der Spiegel los amigos del ex vicario quieren restablecer la verdad, que pondría en apuros al Papa si se comprueba que el vicario Gruber informó a su superior Joseph Ratzinger la autorización a Hullermann y que el ex vicario fue presionado para quitar a Benedicto XVI de la línea de fuego de los escándalos.
Anoche el Papa visitó cerca de La Valletta, la capital de Malta, el país más pequeño de Europa con 443 mil habitantes, el lugar del naufragio de San Pablo, hace 1.950 años. San Pablo fue el protagonista de la conversión al cristianismo de los malteses.
Durante su estadía, Benedicto XVI podría recibir a algunas víctimas de curas abusadores, en especial en un orfanato en los años 80, como ya hizo en sus viajes en Estados Unidos y Australia.
Hoy Benedicto XVI culminará su viaje de 25 horas a Malta con una misa multitudinaria con fuerte presencia juvenil, antes de regresar a Roma. Hay expectativas en favor de un "gesto firme" que realizaría el Pontífice.
El Secretario de Estado, cardenal Tarcisio Bertone, dijo ayer a la radio Vaticana antes de embarcarse con el Papa rumbo a Malta, que "la línea del Papa es muy clara". "En primer lugar en favor de la purificación y penitencia" en torno a los abusos sexuales por parte de sacerdotes que conmueve a la Iglesia en medio mundo. El cardenal Bertone afirmó que "la purificación y penitencia" servirán "para anunciar con decisión la lealtad hacia la propia misión según el proyecto de Dios".


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