El Gobernador les notificaría la decisión en las próximas horas. Las razones de un cambio que Rodríguez Saá analiza en profundidad.
La despareja correlación entre la eficiencia de la gestión de gobierno en términos generales con la tarea particular de los funcionarios; la falta de compromiso para asumir roles de liderazgo y la búsqueda de una mayor conexión entre el Gobierno y el Partido Justicialista, como la fuerza política gobernante, son elementos inexorables cuando se profundiza en el análisis que desencadena este pedido de renuncias masivo.
Como si en el mapa genético de los ministros no hubiera ni el más mínimo indicio del ADN que caracterizó al gobierno puntano y que lo diferenció del resto de las gestiones provinciales a lo largo de las últimas décadas.
La gestión de gobierno de la Provincia de San Luis goza del reconocimiento de todos los sectores políticos argentinos, más allá de las diferencias políticas coyunturales que pueda haber con los líderes del proyecto puntano.
La vanguardia en tecnología con definiciones estratégicas que empezaron en la década del 90, la revolucionaria política de inclusión y trabajo que resignificó el concepto de justicia social, la usina de obra e infraestructura para robustecer la producción y asegurar una mejor calidad de vida, la promoción de la industria cultural y artística, la salud financiera, son sólo algunos de los logros que el Gobierno de San Luis puede mostrar con orgullo, pero que buena parte de los funcionarios –por desconocimiento o falta de compromiso- no logra incorporar como las bases del proyecto en el que hoy están involucrados y al cual deben responder. Como si no sintieran que representan a un modelo de gobierno que es escuela de gestión y que va mucho más allá de sus intereses personales.
Traducido al lenguaje de todos los días, y aún a riesgo de caer en el lugar común: los ministros siguen encerrados en sus despachos, no atienden a la gente y trabajan para sí, no para el Gobierno de la Provincia de San Luis.
La irrupción de una camada de jóvenes funcionarios –una apuesta en la que confió el Gobernador consciente de que se necesita de mentes abiertas para tomar decisiones en un mundo que se mueve cada día más rápido- ha sido un generoso acto de apertura para que las nuevas generaciones participen activamente y aprendan con el modelo de administración y gestión puntano.
En ese contexto la decisión de sumar jóvenes al gabinete debe ser reconocida como positiva. Pero ellos tienen como cuenta pendiente asumir un rol más activo, como nuevos líderes y aceptar el desafío de conducir, con los riesgos que eso significa: no hay margen para el error cuando se trata de la administración de un estado provincial. Independientemente de algunos arrestos individuales, no se advierte vocación de liderazgo. Sin embargo, la carencia no parece exclusividad de los más jóvenes, también funcionarios con sobrados años de experiencia juegan al hombre invisible cuando se trata de defender al proyecto político que los ha cobijado con una gruesa manta. Son los cultores de un bajo perfil que se parece demasiado a la mediocridad (Ver Editorial edición mañana).
Finalmente aparece la relación entre el Gobierno y la fuerza política gobernante, el Partido Justicialista, o el frente electoral. La intención del gobernador Rodríguez Saá sería mejorar ese diálogo por lo que se podría especular con la aparición de algunos nombres con trayectoria militante. Por este andarivel corren también los tiempos políticos que se aproximan y que tanto el Gobierno como el PJ han sabido siempre leer con astucia.
No será un fin de semana más para los ministros y sus funcionarios: convivirán en la ardua tarea de hurgar entre los pliegues de su conciencia para reconocer errores y aciertos, mientras esperan un llamado telefónico.
Comentá la nota