Tras una semana de capacitación intensiva, 70 jóvenes ingresaron con su vestuario de payasos a cumplir su misión de llevar alegría a los pacientes. El objetivo fue hacer sonreír a 51 adultos internados en Clínica. En los pasillos los familiares se mostraron sorprendidos pero contentos. Una experiencia novedosa en la provincia.
Ellos son los payamédicos de San Juan que realizaban su examen final para poder recibir su certificado. Tras una semana de capacitación intensiva, los jóvenes mostraron sus ganas de lograr una sonrisa en los que más lo necesitan, como ellos mismos lo afirman.
Ya no sólo la nariz roja era parte de su vestuario. Ahora sumaron color a sus cabellos, una extraña forma de hablar y la certeza con la que decían que provenían de un planeta extraño. “Pero venimos porque somos mitad payasos y mitad médicos. Y la gente nos necesita”, comentaban.
El primer paso fue transformarse en clown, es decir payasos teatrales. Para ello ocuparon un sector aislado del hospital, el área Consultorios Externos, donde no se atendía en la tarde de ayer.
Con sus trajes ya puestos e inmersos en sus personajes, borraron por un momento sus nombres de sus mentes. La técnica clown los había transformado.
Ya como payamédicos, el primer paso era ubicar a los pacientes que el doctor José Pellucchi, fundador de la Asociación Civil y la doctora Violeta Pérez Bromberg, formadora, les habían señalado. “Antes del ingreso a las habitaciones realizamos un payapase. Se trata de conocer la historia clínica de cada paciente para ingresar con un conocimiento mínimo de la personas que visitamos”, explicó el doctor Pelluchi.
Al venir de otro planeta, los payamédicos estaban un poco extraviados y la primer parada fue frente al cartel orientador que se encuentra en el ingreso del nosocomio. “Dice planta baja. Pero debajo de mi pie no hay gente”, dijo uno de ellos. Miró fijamente hacia adelante, pensó por un minuto y sostuvo, “hay que continuar”. Con los brazos balanceándose adelante y atrás se encontraron con tres integrantes del personal de mantenimiento que los miraba con asombro.
“¿Donde queda Clínica hombre? Busco a Miguel“, dijeron tres payamédicos al unísono. La instrucción fue seguir a la derecha y con la mano en alto continuaron. Antes de llegar al lugar de internación detuvieron su marcha y dijeron “silencio”. En cámara lenta ingresaron hasta dar con el número de la habitación. Una vez en la puerta se escuchó: “¿Quién es Miguel?”. Y desde la cama 37 respondió un hombre con la mano en alto y fuerte: “Yo. Acá”.
En marcha ingresaron a la habitación. Hasta que otro hombre que se encontraba internado les dijo: “Yo me llamo Pancho”. En un salto se pararon frente a su cama y lo saludaron.
En el pasillo los familiares reían con cada conversación que los payamédicos tenían con los pacientes. Algunos fueron un poco reticentes al principio. Pero después de intercambiar unas pocas palabras eran ellos quienes los interrogaban.
“La verdad es una actividad que se necesitaba. Mi abuelo lleva casi un mes internado y ahora ríe”, afirmó Nicolás, nieto de Francisco, que se encontraba en la habitación número 41.
Y mientras las risas se multiplicaban en los pasillos, la doctora. Sonia Sánchez, vicedirectora del nosocomio, manifestó que los paya ya tienen un lugar para trabajar.
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