Por: Ricardo Roa.Lo primero es lo primero: Jaime dice que lo persigue Clarín. La realidad es que quien lo persigue es la Justicia, que ya lo embargó por 40 millones en la investigación que le sigue por enriquecimiento ilícito.
Habló de mails y no los mostró. Y los que llevó y adjudicó al periodista de Clarín, Omar Lavieri, son truchos. Tampoco contestó preguntas en la conferencia excepto las de los medios amigos del Gobierno, que por supuesto le dieron pie para dar las respuestas que tenía preparadas.
Así, nos pudimos enterar que es un militante político. Y kirchnerista de la primera hora: contó que lleva 27 años junto al ex presidente y fue fundador de la corriente K. ¿Por qué dijo esto? Probablemente para pegarse a Kirchner, que lo despegó del Gobierno después de las elecciones, cuando ya había estallado el escándalo del avión.
Jaime ha sido siempre funcionario público. Y al igual que otros ex de Santa Cruz, ha tenido un progreso meteórico, especialmente en los últimos años. Como Rudy Ulloa, ex chofer y hoy zar de medios; Claudio Uberti, el de la valija llena de dólares de Aeroparque o los mismos secretarios de la Presidenta. La Justicia quiere saber si además del avión, Jaime y su familia también son dueños de casas y departamentos en Brasil, Córdoba y Buenos Aires, de seis autos, dos motos y hasta de un yate. Hay que trabajar mucho o tener un gran empleo público para juntar todo eso.
Estar denunciado y denunciar ser víctima de un complot es más viejo que la escarapela. Y esto es lo que hace Jaime. No hay nadie que lo persiga, salvo las sospechas sobre su lujoso patrimonio.
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