Un paso hacia la vereda de enfrente

Por Fernando Laborda

El mensaje de Hugo Moyano contra el gobierno nacional sentó las bases de una incipiente discusión ideológica dentro del justicialismo, detrás de la cual no pueden ocultarse las heridas que dejó una disputa por espacios de poder, oportunamente saldada por la presidenta Cristina Kirchner en favor de la militancia vinculada con La Cámpora y en contra del gremialismo.

El titular de la CGT se muestra persuadido de que la jefa del Estado pretende destruirlo para seguir congraciándose con sectores de izquierda.

Los tiempos en que la Presidenta posaba para las fotos con la gorra de los camioneros junto a Moyano o en que su gobierno lo utilizaba como fuerza de choque quedaron atrás.

A lo largo de todo este año, el secretario general de la central sindical ha ensayado distanciamientos y acercamientos respecto del Gobierno. Su estrategia incluyó amenazas y declaraciones hostiles, pero también frenos y actitudes conciliadoras. Tras el acto de ayer en Huracán, Moyano tensó la cuerda, con la mira puesta en construir una alternativa política diferente a la encarnada por el kirchnerismo.

Video: Con críticas al Gobierno, Hugo Moyano realizó un masivo acto en Huracán (C5N)

Más de una vez, Moyano ha fantaseado con convertirse en una suerte de Lula argentino. Hoy se halla a años luz de esa posibilidad. Sin embargo, no es poco lo que logró en las últimas semanas. Su mayor cosecha fue el aval de dos representantes del sindicalismo que hace poco lo veían como rival: el gastronómico Luis Barrionuevo y el conductor de los trabajadores rurales, Gerónimo Venegas.

Si hasta hace días la continuidad inmediata de Moyano al frente de la CGT parecía en discusión, hoy pocos dudan de que, como mínimo, se respetará su mandato hasta mediados de 2012.

Es que el propio Gobierno le ha servido en bandeja los argumentos para fortalecerse. Las presiones oficiales para morigerar la negociación de aumentos salariales y las versiones sobre la intención kirchnerista de apoderarse de la caja de las obras sociales, sumada a la deuda que el Estado mantiene con éstas, le brindaron a Moyano dos banderas para mantener unido su frente interno.

Como en otras ocasiones de nuestra historia política reciente, al sindicalismo a veces no lo une el amor, sino el espanto. Cada vez que pende una amenaza sobre la caja de las obras sociales, una fuente de poder empleada en reiteradas ocasiones para financiar candidaturas a puestos políticos, el gremialismo tiende a cerrar filas contra el invasor.

Video: La máquina del tiempo: Hugo Moyano

El ingenio kirchnerista no tardará en buscar fórmulas para dividir al sindicalismo y sacar tajada de la dispersión, tal como lo ha venido haciendo con la oposición.

El futuro de Moyano como hipotético líder opositor es aún frágil. Su imagen en la opinión pública es mayormente negativa, aun cuando podría crecer si las vueltas de la economía nos conducen a un escenario de crisis. Hoy el líder camionero busca diferenciarse del kirchnerismo pero se le parece mucho: comparte con esa fracción la ambición de acumular un poder sin límites.

El poder, la influencia y el enriquecimiento que gozó Moyano en estos años son un símbolo del prebendarismo de la era K con el que se beneficiaron muchos de quienes sirvieron a los intereses políticos del matrimonio que se alternó en la Casa Rosada.

"La lealtad se paga con más lealtad", expresó no hace mucho el dirigente sindical, en lo que puede interpretarse como un pedido de impunidad frente al acoso judicial.

Ese discurso moyanista ha ido virando y hoy pone el énfasis en quién es realmente peronista. El debate se acerca peligrosamente a los años 70, aunque hoy parece prematuro que se puedan revivir los enfrentamientos armados entre las fracciones peronistas de aquellos tiempos.

Cierto es que muchos de los militantes de La Cámpora que el sábado pasado entonaban la marcha peronista mientras celebraban el inicio del segundo mandato de Cristina Kirchner adhieren a la teoría setentista de que Perón traicionó al movimiento popular tras su regreso en 1973. Como también parece cierto que el cristinismo está tomando igual camino que el viejo peronismo, aquél que en 1951 confiscó el diario La Prensa y cuotificó la importación de papel para diarios, asfixiando la libertad de expresión

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