Guillermo D’AndreaProfesor de Dirección de Empresas en el IAE
El grupo Los Grobo construye una planta en Chivilcoy para producir fideos con destino a Brasil. Es verdad que últimamente las inversiones productivas son noticias menos frecuentes de lo deseado, pero difícilmente una planta de pastas de u$s 5 millones pueda cambiar el clima enrarecido y crispado de la sociedad. Pero, la noticia marca un rumbo con varias facetas interesantes, y que puede ser la salida para superar décadas de discusiones y enfrentamientos.
El destino de Brasil tiene implicancias más interesantes. Brasil es una de las potencias mundiales emergentes junto con China e India, no sólo por su enorme mercado emergente, sino por su perfil de productor industrial de tecnologías reconocidas, como Embraer y otras industrias. Su capacidad exportadora crece a la par de su prestigio, lo cual puede potenciar las posibilidades de alcanzar nuevos mercados de su mano. Una alianza con una de las potencias de este siglo es un proyecto que merece seria consideración, más allá de diferencias que pueden haber existido en el pasado. El ejemplo de Canadá con su vecino EE.UU. o de varios países europeos prendidos del motor de Alemania viene a la mente.
La generación de una denominación de origen para Argentina como productora de alimentos de calidad busca replicar los casos de denominaciones de origen como el jamón de Jabugo y el vino de Rioja en España, el Cognac y el Champagne de Francia, o el Chianti italiano. Pero en este caso se trataría de alimentos a escala mundial, no sólo nichos. “Alimentos de Las Pampas” debería significar productos de calidad a precios accesibles, precisamente lo que los nuevos consumidores emergentes ansían. En una investigación reciente a consumidores emergentes de América Latina, a la pregunta de a que dedicarían un incremento del 10% en sus ingreso, la respuesta más frecuente era mejor comida (34%), en tanto más comida era la mitad (17%). Seguía la ropa y con una similar preferencia pro mejora (mejor 13%, más ropa 9%).
Hace años que los europeos más ricos levantan sus barreras proteccionistas con el artilugio de la Cuota Hilton para acceder a nuestras carnes de mayor calidad. Pero el nuevo universo de consumidores emergentes demandando mayor calidad de alimentación abre una oportunidad inédita: proveer de alimentos de calidad accesibles a un mundo con hambre de mayor calidad y a costo razonable. Complementar los pequeños volúmenes de Cuota Hilton con grandes cantidades de otros alimentos con el sello de calidad de nuestras Pampas, pastas, aceites, dulces, galletas y vinos de calidad en cantidades difíciles de igualar, significará la oportunidad de difundir la calidad de alimentación a precios accesibles.
Esto significa generar un modelo industrial con vocación exportadora montado sobre las ventajas competitivas internacionales de nuestro agro, haciendo obsoleto el viejo conflicto entre el agro y la industria por quien aporta y participa en las riquezas del país por una opción claramente superadora y con posibilidades inéditas de crecimiento para todos. El sector del vino ha superado sus diferencias internas para encarar una campaña internacional de posicionamiento de nuestros productos. Una alianza competitiva entre el agro y la industria de cara a la exportación de calidad es una oportunidad para plantear un diálogo en una sociedad a la medida del siglo XXI, y dejar de añorar y discutir sobre el pasado.
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