Corrieron 4.800 personas en un circuito que incluyó un hipermercado y el puente Labruna.
Luis Molina ganó la prueba en 1h07m10 y María de los Angeles Peralta, representante argentina en el maratón olímpico de Londres, fue la mejor dama, en 1h17m12. Hasta ahí la competencia entre los mejores fondistas del país. Pero hubo mil y un historias durante el recorrido que este cronista corrió en 1h43m.
Las abundantes nubes y la insoportable humedad permitieron largar al alba por Figueroa Alcorta, vieja conocida para los habitués del running porteño. Pasaron los estadios de River y Obras y apareció la General Paz. Llegó el paseo costero Raúl Alfonsín y llegó el viento de frente. Hubo que aguantar las ráfagas, duras al comienzo pero bienvenidas cuando se pegó la vuelta y ayudaban para el envión en el kilómetro 12.
Entonces llegó la sorpresita del circuito: correr 100 metros por el estacionamiento del subsuelo de un supermercado . “Esta no la tenía”; “Ahora pasamos por la línea de cajas”; “Al menos entreguen un voucher”, fueron las ocurrencias escuchadas.
Bordeando la avenida Cantilo llegó el kilómetro 15. Comenzaba otra carrera y hubo que subir el puente Angel Labruna y aprovechar la bajada para el impulso final. Hasta que se divisó la llegada y cada apasionado festejó con lágrimas, gritos, puños cerrados insultos al aire, miradas al cielo. ¿Quién les iba a decir que 21 kilómetros eran imposibles? El desafío había sido cumplido.

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