La Asamblea por la Preservación de las Sierras tomó las declaraciones del senador Carlos Fernández (UCR) para reforzar las críticas que viene haciendo a la política de protección del paisaje que enfrentó a las canteras pero olvidó la predación de las construcciones en el faldeo serrano. Fernández se había referido a “tarifas” que permiten las “excepciones”.
Ante tal declaración es imprescindible que el Senador se presente ante la Justicia y haga lo que corresponde. Siendo que Carlos Fernández ha ostentando funciones de gran responsabilidad en el gobierno local durante largos años y conoce como pocos la gestión municipal desde adentro, le preguntamos públicamente a que pasillos oscuros y tarifas se refiere. Máxime teniendo en cuenta que la gestión de la cual formó parte ha hecho y sigue haciendo numerosísimas excepciones.
Sus declaraciones insinúan que hay corrupción y que eso hace razonable que sea el Estado (y no algún funcionario en pasillos oscuros) quien cobre por dar excepciones.
Este ‘sinceramiento’, útil para develar desde el propio riñón de la gestión el estado de situación, no puede ser la excusa para proponer la legitimación de una práctica antidemocrática y delictiva”.
Lo que se ve
Y continúa el comunicado de la entidad proteccionista: “Complejos hoteleros, loteos, barrios cerrados y edificios VIP, todos ellos crecen como hongos en la ciudad. Mientras, las distorsiones generadas por el mercado inmobiliario generan el encarecimiento y la retención especulativa de lotes disponibles en zonas urbanas, limitando el acceso a la tierra y vivienda de muchísimas familias, y por otra parte impulsan la urbanización de áreas de preservación y rurales. Esta voracidad produce la vertiginosa transformación del territorio y arrastra no sólo a la ciudad sino a las regulaciones existentes, enfrentando una racionalidad comunitaria y ambiental a la racionalidad exclusiva del lucro individual.
Una gestión democrática requiere una política de ordenamiento territorial orientada a atender las necesidades genuinas, no a fortalecer negocios que justamente hacen de la diferenciación y exclusión una fuente de ganancias.
¿Qué ofrecen los country, los clubes privados y los edificios de marca? Exclusión de los otros, diferenciación. Son por definición y vocación, para pocos, cerrados. ¿Por qué quienes gerencian estos proyectos creen que la sociedad debe otorgarles el privilegio de apropiarse del sol, los paisajes y la capacidad de la infraestructura de la ciudad (agua, cloacas, tránsito) o concederles la gracia de hacer urbanizaciones en la zona rural o en las Sierras? ¿Por qué hay autoridades que cooperan con esa misma lógica antidemocrática otorgándoles excepciones y toda la “vista gorda”, falta de control, o “vueltitas” que hagan falta para garantizar estos negocios?
El avance de la especulación inmobiliaria/financiera es un problema gravísimo que crece día a día. Los emprendimientos ni siquiera son de una empresa que pone y arriesga su capital. Por el contrario, inventan un negocio y consiguen que otros se conviertan en sus “inversores”. ¿Cómo los “atraen”? Con las ganancias. Porque la excepción que consiguieron hace que ese negocio sea más rentable que los que no la tuvieron. Es decir, los funcionarios son el comienzo de esta rueda que va “manchando” los “mejores” lugares con sus emprendimientos exclusivos, extendiendo la ciudad para donde se les antoja. El resultado será mucho peor a medida que pase el tiempo. No sólo por la superposición de negocios y contradicciones, sino porque los efectos de las localizaciones erróneas no se ven el primer día.
Pero llegan y las pagaremos todos… en ambiente, en recursos públicos, en calidad de vida”.
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