Durante la ultima sesión de Diputados, cuando juraron los electos el 13 de marzo y se eligió a Néstor Tomassi como nuevo presidente, entre los tantos saludos que recibió Jorge Moreno, el saliente, que estaba destrozado por lo que entendía, y sigue entendiendo claro, fue una injusticia, una dirigente le sugirió en broma que, tal vez, sea el tiempo de pasar a la clandestinidad.
Las legislaturas siempre fueron cunas de intrigas y conspiraciones de las más diversas; casi desde el tiempo en que, según la leyenda, Rómulo, el fundador de Roma, convocó al senado romano por primera vez. Es que según la leyenda también, los líderes de Roma siempre construyeron relaciones ríspidas con los legisladores.
“Cualquier parecido con la realidad (catamarqueña claro), es pura coincidencia” podría advertir una telenovela; y los es claro. Pero le pongamos nombre al protagonista de esta historia: Jorge Moreno, un joven político del peronismo, que con sus más y sus menos, hizo su aporte militante al triunfo del 13 de marzo pasado. Pero la última semana, con la llegada del nuevo gobierno, el que él apoyó, lejos de recibir su merecida recompensa, recibió un castigo. Una injusticia, cree él y muchos como él. Buen arranque para una telenovela de esas que hacen furor en las televisión y que, se sabe, promete más.
Pero bromas aparte, lo cierto es que durante la ultima sesión de la Cámara de Diputados, cuando juraron los electos el 13 de marzo y se eligió a Néstor Tomassi como nuevo presidente, entre los tantos saludos que recibió Jorge Moreno, dolido por lo que entendía, y sigue entendiendo claro, es una injusticia, una dirigente le sugirió en broma que, tal vez, sea el tiempo de pasar a la clandestinidad, política obvia.
Eso sucedió el miércoles de la semana pasada y después de eso no se lo volvió a ver a Moreno. El, Moreno, se cree que tomo la broma como se toma el gesto de quien solo quiere mejorarle el ánimo; aunque ciertamente no hay certeza alguna. Lo cierto es que Moreno se desapareció desde ese miércoles. No estuvo en ninguno de los actos del viernes; ni a la mañana cuando asumió la intendencia Raúl Jalil, ni por la tarde, cuando asumió la gobernación Lucia Corpacci.
Toda una curiosidad, por decirlo de algún modo, que Moreno no participe de actos tan importantes, actitud que ciertamente revela alguna molestia. Problemas de salud seguro que no tenía, la noche del viernes tampoco quiso asistir al pub Wica, donde se congregó el kirchnerismo para festejar. El, Moreno, prefirió quedarse a comer un asado en el domicilio de un viejo dirigente y luego se fue a un restaurant a saludar al vicegobernador de Tucumán, que había venido a participar de los actos de asunción de Corpacci.
Pero el caso de Moreno trae a colación el caso de cientos de dirigentes y militantes justicialistas que han sido literalmente ignorados y mandados a la cola por los actuales popes de la política, varios advenedizos de la nueva ola kirchnerista.




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