Sabido es que el peor momento para comenzar a operar los servicios públicos, en este caso de agua potable y de energía eléctrica (deficientes como en el caso de Catamarca) es en el verano.
Este triste panorama que los catamarqueños vivimos hace ya muchos años, podría complicarse verdaderamente si, en medio de esta larga transición, los equipos técnicos del gobierno saliente y de la gestión entrante, no trabajan en comunión para que, en diciembre, no colapsen los dos servicios. Sería una situación límite y extrema.
Por ello, ¿qué debería suceder para anticiparse a ese eventual futuro problema? ¿Sería conveniente la entrega anticipada por parte del gobierno del FCS del Ministerio de Obras Públicas y de las administraciones de las empresas EDECAT y Aguas de Catamarca SAPEM, hoy manejadas por el gobierno?
La llegada de nuevos funcionarios a estos ámbitos gubernamentales seguramente resentirá sus respectivos funcionamientos. Por no sólo por lo deficiente que sean los servicios, sino simple y sencillamente porque los nuevos funcionarios deberán aprender y conocer el funcionamiento interno y administrativo de ellos. Lo que los especialistas en la materia llaman, aprender a “operar” los servicios. Que no es lo mismo que ponerse al frente de los mismos.
Ese tiempo que demandará aprender a “operar” los servicios es el que se debe acotar lo máximo posible. En diciembre, enero o, quizá, en febrero, no habrá tiempo, o mejor dicho, los sufridos usuarios catamarqueños no tendrán tiempo. Debemos estar preparados para ello. En definitiva, el cambio de gobierno no debería sentirse (para mal) en el funcionamiento de los servicios de agua potable y energía eléctrica.
La pregunta del millón es saber si sólo con un trabajo en conjunto entre los salientes y los entrantes durante esta prolongada transición, alcanza. Roguemos que si; y si no es así, que se tomen las decisiones más acertadas pensando sólo los usuarios, dejando de lado los intereses y mezquindades políticas. Estamos a cuatro meses, a 120 días; si se quiere, se puede.
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