Florencia PeñaEs lamentable que se les siga dando la palabra a genocidas como Videla. Y sobre todo, muy deplorable la falta de arrepentimiento, y que no informen sobre el destino de los cuerpos de muchos desaparecidos, ni sobre los 400 nietos que tienen que recuperar su identidad.
Después del atracón de huevos del domingo de Pascua, y la cantidad de conejitos, huevitos, roscas, rosquitas y tanto dulce, quedé como las tortugas boqueando boca arriba. Ja. Me costó arrancar la semana. Ahora, sentada en casa, mate en mano (no sé por cuánto tiempo) me dispongo a escribir.
Cómo disfruté del Clásico de ayer: El Rojo contra la Academia. Partidazo. Como buena hincha del Rojo, grité los goles como una descosida. Partido caldeado, varias expulsiones, mucho nervio... a matar o morir. Ver un partido de fútbol en el que tu equipo gana genera una alegría desmedida... pero efímera. Al fin de cuentas no es más que un juego y la vida continúa igual, con todo lo que representa. Es como ganarse un premio, en ese momento tocás el cielo con las manos y al otro día... ya pasó. La sensación es extraña. Por eso, muchas veces pienso en cuán importante es encontrar en la vida cosas que nos hagan felices de forma más profunda y duradera. La diferencia que existe entre el goce y el placer. El placer es algo pasajero, algo con pronta fecha de vencimiento, en cambio el goce nos conmueve y nos impulsa de manera más profunda.
Pensaba en la Argentina... cuántos momentos de placer hemos tenido, ¿no? Y qué poco goce. Como el uno a uno, por ejemplo. Siempre sintiendo que estaba bueno, pero a corto plazo. Debajo de eso, la nada.
Desde hace un tiempo, vengo sintiendo que muchas cosas han cambiado en nuestro país. Cambios que me gustaría, al igual que a muchos de nosotros, que sean profundos y duraderos. Que no se borren de un plumazo, sino que se construya y se mejore sobre bases que no puedan derrumbarse tan fácilmente. Cómo me gustaría que hubiera una oposición constructiva, medios más equitativos, que se pudieran discutir ideas, pensar distinto, pero que eso no impida que podamos acordar. Sin tanto odio. No entiendo, ni quiero un país tan polarizado, tan dividido.
Por eso cuando miraba el partido pensaba; menos mal que esto es solo un juego, y dura tan solo 90 minutos, porque se pone bravo cuando se juntan los opuestos, cuando vencer se convierte en el único móvil, y el juego, el buen juego, pasa a segundo plano.
En Argentina, en cambio, el clásico se volvió permanente. Unos quieren vencer a los otros, y en el medio está el pueblo. Y esta semana volvió a dar cuenta de eso. Movida... Me puse a repasar todo lo ocurrido, y realmente no nos dan tregua ¡pa! Pasó el temporal pero siguen las tormentas, especialmente mediáticas. Uno de los temas de la semana fue claramente YPF. Distintas provincias de la Ofephi siguieron revirtiendo áreas de la petrolera, que va para atrás en quinta, y se disparó un torbellino de rumores.
Lo cierto es que la cuestión es delicada y tiene consecuencias profundas en la economía de hoy y en nuestro futuro. Como la mayoría de las políticas que se adoptaron en los ‘90s, incluso más allá de las corruptelas, los objetivos no eran cuidar los intereses de los argentinos y planificar un futuro soberano, sino todo lo contrario: el entreguismo a full. La privatización de YPF (como todas las demás entregas menemistas) entró en esas políticas. Se le regaló un recurso no renovable a los privados casi sin condiciones ni controles. Las empresas se dedicaron a extraer todo el crudo fácil (las reservas más superficiales), hacerlo plata (que mandaron al exterior) y hasta exportarlo. ¿Invertir y proyectar? ¡Gilipolladas, hombre! Hasta que el año pasado tuvimos que importar combustibles por más de 9000 millones dólares. Algo que a las economías en crisis galopante como la española no les parece nada mal, al contrario.
De parte del Gobierno se propuso revertir esta situación. Se recuperó la OFEPHI. Se intimó a Repsol a presentar sus planes de inversiones, que obviamente no tenía, y se comenzó a quitarles concesiones por incumplimiento. Algo que a los medios corporativos parece enfurecerlos. Y esta semanita tuvimos otra vuelta de noticias rumorosas. Después de las declaraciones del gobernador de Neuquén sobre un posible proyecto de administrar YPF de forma mixta, aparecieron los estruendosos titulares: ¡Los K planean expropiar YPF! ¡Y hasta apareció un falso proyecto de ley en la mesa de entrada del Congreso! Por poco y nos quieren hacer creer que el Estado tomaría control sobre todos vehículos que funcionen con hidrocarburos, y pondría a un doble de Moreno en cada surtidor para controlar el expendio. Porque seguro que se acerca el desabastecimiento, agravado por una epidemia de embole y crisis de pánico, y se prohibirían desde las carreras de coches hasta los escupe-fuego.
Lo más loco es que, lo mismo que con Malvinas, a varios medios les preocupan muchos más los intereses extranjeros que los propios. ¿Propios, dije? Argentinos, quise decir. Porque los intereses de los grandes medios evidentemente no lo son. “España anunció que defenderá los intereses de Repsol como propios, y tomará medidads severas, ¡joder!” Nosotros ya sabemos con qué bueyes estamos arando, pero en la península ibérica todavía les creen: y citaron tapas de diarios argentinos. No me quiero poner conspiranoica, pero ¿será estan jugando a darse crédito mutuamente? ¡Fascistas del mundo uníos!
Porque pocos medios dijeron que el Estado está defendiendo los intereses de los argentinos en YPF. Igual con el correr de las horas, los verbos empezaron a ponerse condicionales: “El gobierno analizaría la posibilidad de avanzar hacia una estatización parcial...” “Se habría presentado un borrador sobre un posible proyecto semi-oficial para controlar YPF...” Pero después de la reunión de Cristina con gobernadores de provincias petroleras no se anunció nada, sólo que se continuaría con las reversiones.
En fin, 2012 promete muchas más novedades con respecto a este tema. Parece que lo más sensato sería declarar los hidrocarburos, recurso estratégico no renovable, de Interés Público, y que los privados respondan a un plan energético que permita al país seguir creciendo.
En este punto quiero hacer una pausa: aprovecho para ir hasta la caja fuerte, ¡sacar el paquete de yerba y renovar el mate! ¿Qué pasó, muchachos? Otro recurso estratégico para los argentinos. Parece que empezó a faltar en las góndolas, ¡porque la tienen que transportar en blindados! En cualquier momento vamos a asomarnos a la terraza y vamos a ver en los techos “la yerba de ayer secándose al sol”, como dice el tango. El tema otra vez son los oligopolios. Los productores yerbateros, más de 15.000, consiguieron aumentos de hasta el 90% para sus cosechas, pero los fraccionadores, un grupito de vivillos conformado por una docena de grandes empresas (5 de ellas manejan más del 50%), lo quiere trasladar al precio final, y comenzaron a, para decirlo en criollo, encanutarse los paquetes. Pero Cristina ya avisó que si sigue el problema se cortarán las exportaciones y les puede caber la Ley de Abastecimiento.
Por último, otros dos hechos que quiero destacar de esta semana son las declaraciones de Videla, que admitió haber matado “a unas 7 mil u 8 mil personas que no podían ser llevadas a la justicia ni fusiladas”, que los empresarios les decían “se quedaron cortos, tendrían que haber matado 10 mil más”. Que “se llegó a la decisión de que esa gente desapareciera... cada desaparición puede ser entendida como el enmascaramiento, el disimulo de una muerte”. A eso lo llamaron “Disposición Final”. Nada de qué asombrarse: es lo que viene probando la justicia en cada juicio por crímes de lesa humanidad, pero es la primera vez que lo admite abiertamente. Es lamentable que se les siga dando la palabra a genocidas. Y sobre todo, muy deplorable la falta de arrepentimiento, y que no informen sobre el destino de los cuerpos de muchos desaparecidos, ni sobre los 400 nietos que tienen que recuperar su identidad.
También se cumplieron 35 años desde el inicio de la lucha de las Madres de Plaza de Mayo. Es un aniversario ambiguo, pero lo celebro por todo lo que implican esos años de constancia, ejemplares para nuestro país y para todo los lugares del mundo donde se sufrió el terrorismo de Estado. Es un orgullo que en ese contexto de horror, de una dictadura cívico-militar que exterminó a nuestro pueblo para “ir a una economía de mercado, liberal” (según Videla), esas mujeres nunca hayan desistido, y que hoy nuestro país sea un modelo en juzgar y condenar a genocidas. Por todo eso las slaudo y agradezco: Memoria, Verdad y Justicia para poder estar en paz con nuestro pasado, y darle bases bases sólidas a nuestro futuro de paz. Nunca menos. <

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