Descubrió su vocación dibujándolos cuando pasaban por la puerta de su casa. Y hasta les hizo un monumento en Puerto Madero.
“Es una lástima que el tranvía de Puerto Madero vaya casi siempre vacío”, rezonga Carlos Scannapieco –de él se trata esta especie en extinción ciudadana–. “No entiendo cómo no es considerado un medio de transporte real. Para nuestras autoridades tiene un uso turístico, y hasta ahí. ¿Tu hijo sabe lo que es un tranvía? ¡¿No?! Bué, habría que enseñarle a los chicos...” ¿Oportunidad u oportunismo? “Me sentaba en el umbral de casa y los veía pasar. Era muy lindo viajar en tranvía ¡Tuve vacaciones que fueron viajar en tranvía! De verdad. Por casa pasaban cuatro líneas y yo anotaba: este tiene puertas tijeras, este tiene ocho ventanillas”. ¿Scannapieco estará sugiriendo que el Gobierno porteño tiene una carta para “apretar” a los metrodelegados? “Además, el tranvía estaba muy bueno para leer. Yo estudiaba en el tranvía. Cuando tenía un examen me hacía un recorrido largo y entero. El tranvía tenía los asientos mullidos y tapizados en cuero”.
Tan sólo si hay una noción de hombre que no sigue la línea recta del progreso es posible dar con esta clase de fanático. Pero cuidado con la nostalgia. El pasado es una industria próspera y así como este buen hombre te cuenta acerca de su último viaje en tranvía, hay quienes pueden querer reunir al Club del Clan. “Yo aprovecho esta oportunidad para responsabilizar a Juan Ovidio Zabala, que era el secretario de Transporte de Arturo Frondizi. El hizo una campaña en contra del tranvía. Decía que era lento y tanto se habló de su lentitud que, de golpe, en cuestión de meses, en enero de 1962, empezaron a circular esos micros alemanes y brasileños, y nos sacaron el tranvía de la calle”.
Ahora, otro día más en medio de un paro de subtes digno del Guinness, su opinión es casi apropiada. Pero un día cualquiera, el mes que viene, ponele, ¿cómo te ves hablando dos horas con “el” amigo del tranvía?, un hombre amable que por esa disparatada tendencia que tenemos a formar grupos, integra la Asociación Amigos del Tranvía. “Yo puse plata para la flota de colección que hace recorridos desde Emilio Mitre y José Bonifacio. Pero te decía, es horrible lo que está pasando con el subte. El desprecio por los medios de transporte público nunca estuvo tan expuesto como en este momento. A mí me parecería bien que la Ciudad se vuelva a acordar del tranvía como medio de transporte – Majul, ¿vos crees que nos está operando?
–, al margen del recorrido de Puerto Madero, que claramente no fue diseñado para servicio de pasajeros“.
La primera charla sobre tranvías te la regalan; la segunda, te la venden. “Probé por curiosidad. Después no pude dejar la asociación. Me gusta. Ahí te muestran fotos, tienen fotos de todos los tranvías del país. Mi modelo preferido es el Tassara, que se llamó así por su dueño. Son los que te contaba que tenían ocho ventanillas, 32 asientos... Me sentaba en el umbral de casa y anotaba sus características. Y un día empecé a dibujarlos, como un chico dibuja a Superman”. Lo dice y presenta credenciales de profesor superior nacional de grabado, una vocación que nació de un medio de transporte.
Y vos le contás del probable colega Cristian Alonzo, servidor público amateur que – ¡¡anotá Larreta!!
– integra un foro de pasajeros de colectivos, diseña recorridos, organiza una exposición colectivera que nunca jamás cubre el periodismo y asegura que la línea 343 es la más limpia de todas. “Bueno, es que los medios de transporte público despiertan una pasión insensata. Me gustaría conocer a Cristian, después pasame un teléfono. Mirá esta foto, es la foto más triste que conservo. ¿Ves la hilera de coches? Están yendo al matadero. Es una foto dolorosa del día en que mandaron a desguazar los tranvías a Triunvirato y Estomba”.
Tiene un plan Carlos. Si lo escuchan, tiene su circuito paralelo, y si lo dejan, tiene un lugar de la Ciudad que le gusta mucho y al que te llevaría para que conozcas lo que fue el gran taller para los tranvías que circulaban por la Ciudad. Lástima que uno vive a las corridas, maestro, quizás la próxima.
“Mi modesto aporte consiste en que el tranvía no sólo sea un recuerdo. Tengo decenas de grabados basados en la temática del tranvía, y gracias a un proyecto artístico que presenté, me dejaron inmortalizarlo en un monumento que está en Alicia Moreau de Justo y Azucena Villaflor. El tranvía es parte de nuestra vida y el hecho de que las vías aún persistan como una huella indeleble, significa una cosa: los tranvías no se fueron”.
Comentá la nota