Eso es desde hace años lo que en vida fuera la Unión Cívica Radical, conducido desde hace casi tres décadas por el diario El Chubut, que le marca las internas, las posiciones “doctrinarias” y lapida o encumbra a dirigentes que, a fuerza de estar sólo en el papel, ya casi no tienen dirigidos, ni militancia real, ni conexión directa con las fuerza sociales pero, eso sí, cada tanto aparecen y desaparecen en ese mundo, cada vez más pequeño, cada vez más lejano.
Pero ni bien se aupó en el poder Carlos Maestro desconoció todo compromiso previo y pasó a alinearse, casi como un soldado, bajo lo que entonces era –al menos en el Valle Inferior del Río Chubut, Puerto Madryn y gran parte del interior provincial-, un medio hegemónico que guiaba, o parecía guiar, al conjunto de la opinión pública.
De ahí para adelante, ese tutelaje se fue acentuando casi al mismo compás con el que el radicalismo se iba alejando de su base social, primero; y de sus votantes en general, luego. Por lo que puede observarse ahora, lo que resta de una dirigencia deslegitimada –no se incluye aquí a figuras novedosas como el concejal Duilio Monti, en Rawson-, sólo tiene visibilidad en las desoladoras entrevistas que se publican en el diario, casi siempre dirigidas a explorar la última interna, la próxima Convención o la inminente pelea de caudillos que no son ni la sombra de lo que alguna vez fueran.
Mirando desde muy afuera, ese paisaje parece no ofrecer muchas posibilidades de cambio, aunque todos los protagonistas debieran ser conscientes de algo que parece una verdad de Perogrullo, pero que es una posibilidad real.
“Perdimos el anclaje social, los militantes, las elecciones, los votantes. Lo único que nos queda para perder ahora, son los lectores”, se desconsuela un dirigente que aún extraña épocas que, asegura, supieron ser mejores.
Comentá la nota