Verdadero balcón de la ciudad, el desarrollo de este privilegiado sitio natural, creado formalmente como tal en 1996, en altos de la avenida Sarmiento, continúa relegado.
Pese a varios proyectos que ponen en juego su existencia misma --por caso la instalación de un polideportivo--, sigue siendo un pulmón urbano de 125 hectáreas, situado en uno de los sectores más codiciados de la ciudad.
Si bien en 1996, con la plantación de más de 1.000 árboles, el parque fue creado formalmente, las acciones oficiales sólo se limitaron a esa tarea inicial y hoy condiciona su existencia a un simple nombre en los planos de Bahía Blanca.
De nada le sirvió ofrecer una multiplicidad única de vistas panorámicas, ser reducto de flora autóctona y estar situado a escasos dos mil metros de la Plaza Rivadavia.
Hasta ahora, todo sigue como siempre, es decir, como cuando formaba parte de un extenso cinturón de tierras que la administración provincial derivó a la esfera municipal, a mediados de los '70.
Desde entonces, el lugar resultó blanco recurrente de asentamientos ilegales que fueron conformando la denominada Villa Miramar, también conocida como El Mirador o Villa Perro.
Atrás habían quedado las recomendaciones del Plan de Desarrollo Urbano, que aconsejaban el desarrollo de un espacio verde entre las avenidas Pringles, Sarmiento, Fortaleza Protectora y Fragata Sarmiento.
Primeras formas
El 23 de mayo de 1991, en una medida que intentó poner freno a las ocupaciones y desarrollar el demorado parque, Jaime Linares --por entonces intendente interino--, rubricó un convenio con seis instituciones locales, facultándolas a utilizar varias hectáreas con fines recreativos.
Algunos proyectos prosperaron, por caso las iniciativas impulsadas por los clubes Bella Vista y Rugby Palihue, así como el del Sindicato de Trabajadores Municipales.
En 1992 el municipio comenzó la ejecución de caminos interiores que, lejos de cumplir con su cometido, facilitaron la labor de los depredadores y convirtieron el espacio en un verdadero basural a cielo abierto.
Pero, curiosamente, el rescate no provino del Estado, sino de las comunidades vecinales cercanas, a través de los alumnos de las escuelas 62, 29 y 39, del jardín de infantes del barrio Palihue y de la Escuela Nacional Técnica Nº 1, que limpiaron el sector y plantaron 300 árboles.
Del proyecto también participaron vecinos de los barrios La Falda, Bella Vista, Villa Miramar y Palihue, así como miembros de la agrupación de scouts San Pantaleón y de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Ultimos Días, apoyados por máquinas y personal municipal.
La comuna pareció recoger el guante y comenzó a evidenciar un mayor compromiso con el espacio, por caso mediante la instalación de un tanque cisterna, un molino y una casa destinada a albergar un cuidador.
Se niveló el terreno, se coloraron cañerías y artefactos de riego por goteo, interpretando las pendientes naturales, y se dio inició a un ambicioso plan en el marco del programa forestal Paul Harris, del Rotary Club Bahía Blanca Sur, el cual preveía la plantación de 1.200 ejemplares sobre unas 20 hectáreas.
Sitio codiciado. Su topografía se manifiesta en suaves lomadas que, a manera de bardas, dominan Bahía Blanca por el noreste, a manera de continuación del barrio Palihue hacia el este. La escasa vegetación existente está conformada por montecitos de chañares, coníferas y matorrales bajos que salpican, muy espaciadamente, grandes extensiones de gramíneas. Desde su altura máxima, en dirección al barrio Patagonia, puede apreciarse el cordón serrano de Ventania y el valle del arroyo Napostá, mientras que en sentido opuesto, se divisa la ciudad, sus edificios y, más lejos, los canales de la ría.

Comentá la nota