*El parnaso y la realidad, en Neuquén

La situación es grave, pero no se discute: sólo se discuten apetencias personales y sectoriales. El retorno de los paros como mecánica de vida. Las obras que se terminan y las que no se hacen. Un pantallazo desde un enfoque que puede parecer pesimista, pero que sólo intenta ser sincero.

Esta semana habrá tres días de agitación político-sindical en Neuquén, promovidos por el factor central que distingue la coyuntura: el deterioro del salario en Argentina. No hay otro dato más importante que este, aunque los políticos prefieran enredarse en discusiones del parnaso burocrático en que se han convertido las principales instituciones de la República.

La dirigencia del gremio docente ATEN, en coordinación con los otros gremios que componen la CTA neuquina, decidió un paro de 48 horas con trampa, ya que serán en realidad 72. Comienza el martes, el miércoles no hay huelga formal pero hay feriado, y actividades de "combate ideológico" para participar de movilizaciones por el recuerdo del ignominioso golpe del ’76; y el jueves se cierran las jornadas de lucha, que van sumando días sin clase y deterioro en los servicios públicos en medio de una atonía institucional casi increíble.

La situación es grave. El Estado provincial acumula deudas y compromisos a futuro con una facilidad que si fuera aplicado a acciones concretas de desarrollo convertirían sin duda a Neuquén en la isla paradisíaca, que alguna vez soñaron las afiebradas mentes de los nuevos ricos de la política, con los colmillos clavados en la garganta del gasto público y sus trampas licitatorias.

La cadena perversa nace en una coparticipación federal absolutamente deteriorada, sumada a una sangría petrolera y gasífera tan disparatada que no resiste análisis racionales. Se extiende con las dilaciones y maniobras de la burocracia política, que extiende pagarés a diestra y siniestra pero no soluciona las causas del achique de los recursos. Y se justifica con el argumento más elemental, el del futuro promisorio.

La política se desangra porque pretende existir a kilómetros de las necesidades reales y concretas de la mayoría de los ciudadanos.

¿A alguien le interesa realmente la pelea entre Quiroga y Farizano, salvo a la dirigencia radical? ¿Cambiará el destino del planeta que Sapag y Sobisch formen una lista de unidad en el MPN, o solo les cambiará la realidad a ellos? ¿Nos salvará de la hecatombe que Oscar Parrilli se decida a ser candidato a gobernador del PJ, o en todo caso le servirá a él para cumplir con su fatal destino?

La burbuja de los intereses mediocres de la política a corto plazo (una especialidad argentina) es fomentada, inflada, agrandada, a falta de respuestas concretas.

Si se hace un esfuerzo en encontrar un camino hacia la realidad sin tapujos, se descubrirá rápidamente lo fútil de muchas discusiones que ocupan la primera plana de los diarios.

Algunos ejemplos:

* Se impulsa para este año el foro o congreso educativo desde la Legislatura. Pretenderá fijar políticas de Estado (otra vez) para una mejor educación. La realidad indica que ya se perdieron cinco días de clases por medidas de fuerza; a los que se le sumarán otros tres esta semana. Todo dentro del primer mes del ciclo lectivo. Se induce a confiar en que el Estado nacional ponga plata para pagar aumentos salariales, cuando no hay ningún indicio de que ocurra tal cosa. Se machaca contra el actual régimen de licencias y suplencias, pero lo concreto es que el CPE es manejado por el gremio docente, y difícilmente se logre modificar tales aspectos.

* Se habilitará este año el acueducto Mari Menuco-Neuquén, como la obra del siglo en la materia. Es un formidable avance para el desarrollo, por lo que puede implicar no solo en garantías de agua potable en cantidad suficiente, sino para regar áreas actualmente improductivas. Pero esta obra viene del pasado, no del presente. El presente indica que la red de agua potable en la ciudad está en estado calamitoso en amplios sectores. Que el sistema de saneamiento está en crisis, y que avanza la contaminación del medio ambiente (en los ríos) exponencialmente. El Estado no tiene empresa pública que garantice el servicio, sino un "ente" colonizado por los sindicatos. El servicio de agua nunca se licitó, ni se controló desde el Estado o desde auditorías externas.

* La cárcel de Senillosa se construyó y terminó, pero no se usa. El último ministro que había asegurado que se inauguraría en poco tiempo más, fue despedido del Gabinete. Senillosa, que se había congratulado por tener una especie de "industria" a mano, que daría por ejemplo mucha mano de obra, y generaría movimiento económico, ya ni protesta, sumida en otras necesidades más acuciantes. Los presos siguen viviendo mal y apiñados en alcaidías deterioradas. El servicio penitenciario provincial sigue sin concretarse.

* La autovía ruta 7-ruta 22 por las bardas está terminada. Se está finalizando una rotonda con puente elevado a pocos kilómetros de Senillosa. Es una obra también financiada desde la anterior gestión, obra enteramente hecha con dinero de la provincia. Ya vino la presidenta Cristina Fernández dos veces a la región, y nunca se le reclamó públicamente por el enorme incumplimiento de Vialidad Nacional, que licitó las conexiones viales con el tercer puente en el año 2007, sin que hasta el momento se haya avanzado un metro. Neuquén construyó una autovía impresionante; la Nación no ha sido capaz de hacer unos pocos kilómetros de accesos. Sin su conexión al tercer puente, la autovía es una obra inconducente, una autopista a la nada, como alguna vez se dijo del Ferrocarril Trasandino, con la aviesa alegría del que prefiere que no se haga nada antes que gane su enemigo.

Son solo algunos ejemplos de realidades que distinguen la situación actual de la provincia. Hay muchos más.

Distinguen también, estos ejemplos, el modelo de políticas espasmódicas en el que agoniza la institucionalidad del país.

No hay políticas de Estado: solo hay políticos que se suceden los unos a los otros. Cada cual pretende inaugurar un país nuevo y distinto, una provincia nueva y distinta.

El país y la provincia son, sin embargo, los mismos. Arrastran sus enfermedades sin que nadie se las cure. Deslumbran con sus virtudes, pese a los gobiernos, no gracias a ellos.

En estos días, cuando la sociedad neuquina podrá observar nuevamente las mismas pancartas, escuchar los mismos cánticos, constatar que la calle es solo el vehículo de expresión para una puja aparentemente eterna entre los que administran el Estado y los que viven de él cobrando un salario, sería bueno comenzar a decir basta.

Sólo hace falta concretar un "basta", para no hacer siempre lo mismo.

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