Paraná ya casi no duerme la siesta

Paraná ya casi no duerme la siesta
Las horas silenciosas, de calles vacías y pasos sigilosos en la siesta, aún en el interior de las casas donde estaba prohibida la pelota y, hasta a veces, la televisión, ya corresponden a una postal de otros tiempos.
Son cada vez menos los paranaenses que ostentan el lujo de bajar las persianas después del almuerzo, echarse en la cama y partir el día en dos mitades: antes y después del descanso vespertino. La tradición provinciana pierde a manos de las obligaciones y las apuradas del reloj y el centro de la ciudad da cuenta del fenómeno. El centro y también el Parque.

El movimiento disminuye una vez que buena parte del comercio cierra después de las 12 y luego de las 13 cuando se vacían las oficinas públicas, sin embargo el paisaje ya no responde a la fama de la ciudad que supuestamente se hunde en el letargo, mansa, hasta que se oyen los primeros ruidos a las 4 de la tarde. En el centro, luego de las 14, se ve gente en plena tarea, de un trabajo al otro, pagando cuentas en los locales abiertos para abonar facturas; en las compañías de teléfono con horario corrido; en los organismos nacionales, como la AFIP, o provinciales, como la DGR, que atienden normalmente a la hora favorita de la solapa.

El shopping de la ciudad, claro, ofrece todos sus comercios de puertas abiertas y en el interior de ese espacio se ven secundarios en los negocios de comidas, universitarios en reunión permanente demorando una gaseosa en las mesas, mujeres solas de paseo y compras y familias que llevan los chicos a los juegos. Una de las cadenas de electrodomésticos más importante de la ciudad, hace poco más de cuatro meses, optó por extender su horario y trabajar de corrido.

“Muchos salen de trabajar y vienen a pagar o a comprar. Al estar más tranquila la gente, a esta hora uno tiene también más tiempo para explicarle mejor y venderle, se van más seguros con su compra también. La verdad es que a nosotros nos da resultado”, analiza uno de los vendedores del lugar.

EJERCICIO Y TAREAS. Verónica que trabaja en relación al comercio, consultada por EL DIARIO, sostiene que ni siquiera los empleados del rubro, que cortan su tarea al mediodía y vuelven a la tarde, llegan a su casa y se acuestan unos minutos. “Ese tiempo que les queda se usa para estar con la familia, salir a hacer las compras o hacer ejercicio”, explica. La fuerte actividad de los gimnasios a la hora de la siesta y el movimiento que se ve en el Parque Urquiza en las mismas horas avalan la hipótesis.

“Las clases acá arrancan a las 2 de la tarde, de 1 a 3 hay movimiento, la gente sale de trabajar y generalmente se vienen para acá. A la mañana no viene nadie, a la siesta vienen bastante y a la noche está lleno”, describe una empleada de un gym de calle España. En el Parque Urquiza sucede más o menos de la misma forma: a la mañana se ve algo de gente, a la siesta crece la concurrencia y la noche es el horario pico.

Ahora bien, a la hora dedicada en otros tiempos al sagrado descanso, los paranaenses pagan cuentas, realizan ejercicios, comparten tiempo con sus hijos, hacen las compras, salen de paseo o hasta aprovechan para adquirir electrodomésticos e incluso, también, se conectan, en su domicilio o en el cíber. Mauro, empleado de uno de los negocios del ramo en el centro, sostiene que “a la siesta hay más movimiento que a la mañana, ayer sin ir más lejos, de 13 a 16, no pude descansar un minuto, estaba lleno esto”, comenta. También hay peluquerías femeninas en plena tarea, farmacias e incluso panaderías que no realizan el paréntesis entre mañana y tarde.

Las oficinas de la línea aérea provincial trabaja de corrido y las oficinas de información turística de la Municipalidad de Paraná están a disposición de los paseantes en sus tres dependencias: Peatonal San Martín, Terminal de Ómnibus y en el Parque.

Si bien aún es mayoritario en la ciudad el empleo que no ocupa las dos o tres horas posteriores al almuerzo, está visto que Paraná avanza, a su ritmo, a extinguir lentamente la pausa siestera y esa realidad, en algún sentido, va justamente a contrapelo de los consejos provenientes de las más altas esferas de la medicina e incluso de algunas iniciativas del primer mundo, tendientes a incorporar el descanso vespertino a fin de mejorar la productividad y la calidad de vida de los trabajadores.

Sin ir más lejos, el año pasado, por primera vez se celebró en Buenos Aires la Semana de la Siesta y en ese marco, profesionales de prestigio puntualizaron que lejos de ser un momento de vagancia o debilidad, hay evidencias de que echarse a dormir después del almuerzo tiene muchos beneficios para la salud de cada persona y para su lugar de trabajo. Los científicos sostienen que mejora el rendimiento laboral, impulsa el buen humor y previene enfermedades, como la obesidad, la diabetes y la hipertensión. Es más, durante la celebración de la siesta se apuntó a enseñar algo que a cualquier paranaense algunos años antes le hubiese sonado a chiste: “Aprender a relajarse y dormir la siesta como una manera de enfrentar el déficit de sueño que la sociedad sufre por las noches”.

“La privación del sueño es ya un hecho. La gente duerme dos horas menos que hace 40 años por lo cual, la siesta por la tarde es un buen modo de recuperar ese sueño nocturno que se pierde por mirar televisión, trabajar más horas de las que corresponden o usar la computadora”, afirmó entonces Daniel Cardinali, investigador superior del Conicet en medicina del sueño y director del Departamento de docencia e investigación de la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad Católica Argentina.

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