Para vos “Tato”

Para vos “Tato”
En la noche que su capitán y emblema Sebastián Rodríguez confirmó que no podrá jugar más por su problema cardíaco, Peñarol le brindó el mejor homenaje y aplastó a Quilmes por 77 a 58 en el regreso del súperclasico del básquetbol nacional, que inauguró la nueva temporada de la Liga Nacional. Además, el “sucesor” de “Tato”, Facundo Campazzo, fue genio y figura con 18 puntos y seis de seis en triples. El “milrayitas” vivió su fiesta que, lamentablemente, no pudo ser completa.
El básquet merecía vivir de nuevo su fiesta más preciada. Y la Liga Nacional también la necesitaba. Porque un año sin clásico no fue lo mismo. Más allá de quie las competencias tuvieron su campeonato de manera normal y todo se siguió desarrollando de la mismo forma, faltó algo. Eso que volvió a florecer en esta primavera, con un Polideportivo Islas Malvinas que no extrañó para nada el Preolímpico porque se vio con el mismo marco.

En lo deportivo, la tranquilidad y experiencia de Peñarol, aprovechó la ansiedad de Quilmes por el retorno a la máxima categóría, por encontrarse con su máximo rival y, además, la expectaiva generada por saber que el “milrayitas” sufrió golpes duros que lo hicieron llegar a este encuentro sin “Tato”, Marcos Mata y con Leo Gutiérrez recién poniéndose en forma.

Pero el bicampeón mostró sus garras. Con Facundo Campazzo cada vez más consolidado en la base, Kyle Lamonte siendo el goleador y Martín Leiva ganando el duelo en la pintura a Román González. Al menos, eso es lo que pasó en el cuarto inicial, que recordó las grandes victorias albiazules que metió un parcial de 14-2, lo tuvo seis minutos sin poder convertir tiros de campo (sólo dos libres) y totalmente frustrado en ataque y apabullado en defensa, con Lamonte siendo indetenible en esos 10 minutos (11 puntos) y una ventaja aplastante de 28 a 10.

Después de la abultada diferencia, el encuentro se acomodó. Peñarol se relajó, sacó el pie del acelerador y Quilmes fue por la heróica. Empezó a jugar como si fuera cero a cero, no se apuró, trató de jugar los sistemas trabajados y aprovechar que Hernández rotaba el corto plantel que tenía. El partido se hizo malo, el goleo bajó, el campeón perdió efectividad en ataque y ya no lucía. El “tricolor”, como podía, buscaba achicar la distancia lo máximo posible y algo logró (34-22), pero Campazzo volvió a estirar con dos triples que amargan a cualquiera. Por suerte para el “cervecero”, Mc Hopson volvió a ser el del TNA, se cargó el equipo al hombro para seguir en partido, aunque sus compañeros ayudaron demasiado poco (0 de 10 en triples) para llegar al descanso abajo por 15: 44-29.

Quilmes sabía que el tercer cuarto tenía que ser el de la recuperación, pero difícil si los primeros dos ataques de Peñarol terminan con un triple Leo Gutiérrez y otro de Campazzo que desatan la fiesta total en la tribuna azul y blanca y la desazón generalizada en la tricolor. Allí fue “cervecero” otra vez a la carga, metió cuatro puntos, pero recibió otro cachetazo, esta vez de Lauría que volvió a pegar duro. Además, el conjunto de Maffei no tenía espíritu de equipo, Morris y Newbold deberán mejorar mucho si quieren seguir en el club y, entonces, pasó dos minutos con el tablero clavado en 53-33, cómodo para el “local”, preocupante para la visita que se veía a 20 puntos y cada vez con menos tiempo. Cada intento de recuperación de Quilmes, era el despertador para que Peñarol diga “acá estoy” y lo vuelva a dormir. Campazzo homenajeó a su ídolo “Tato” con 5 de 5 en triples y Lauría le avisó a Marcos Mata que se recupere tranquilo. Un triple del base cordobés, sobre la chicharra, fue el broche de oro para el cuarto y el partido, se fue al último descanso 64-40 y estaba todo definido.

El último chico estuvo demás. Peñarol disfrutó de la fiesta con su gente y Quilmes intentó descontar para hacer menos humillante la derrota. Pero poco se puede analizar. Estaba todo decidido desde muy temprano. Demasiado temprano se definió la historia, en ese primer cuarto que terminó con un categórico 28 a 8 que ya nunca pudo recuperar el “tricolor”. Gran victoria de Peñarol que le sirve para comenzar con una alegría la defensa de la corona, para demostrar que va por más, que quiere ser el primer tricampeón de la historia de la Liga Nacional pero, sobre todo, homenajear a su capitán, al que ya no podrá volver a calzarse la camiseta número 8, pero acompañará a sus compañeros, tratando de asimilar que se terminó su vida basquetbolística, pero le queda mucho de la real para vivir y disfrutar: “Tato” Rodríguez.

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