Para el relato oficial las culpas siempre están de un solo lado

Hernán de Goñi

Las expectativas sobre su regreso eran de lo más variadas. Pero la Presidenta no se mostró dispuesta a alterar sus hábitos ni en las formas ni el en fondo.

Con el luto que caracteriza su imagen desde la muerte de Néstor y dando indicaciones permanentes a su entorno (hasta corrigió a la locutora durante el acto oficial), Cristina recuperó formalmente su lugar como centro del cosmos kirchnerista. Contabilizó casi como una mejora institucional los 154 decretos que Amado Boudou firmó durante su licencia como jefa del Estado. Pero si algo dio la pauta de que su salud no alteró su deseo de control permanente es que prácticamente todos esos textos pasaron bajo su lupa durante su permanencia en el Hospital Austral.

Al hablar sobre el diagnóstico de cáncer que dio lugar a la intervención quirúrgica a la que fue sometida hace tres semanas, la mandataria repasó una decisión personal que sin duda fue positiva: la de informar y transparentar la situación desde el primer momento, algo que no se había dado durante la gestión de Néstor y había sido fruto de numerosas críticas.

Pero después se refirió a la controversia surgida por el análisis de las células extraídas, que dio de baja el el primer diagnóstico. Exageró al señalar que algunos pudieron haberse desilusionado con la buena noticia de que no tenía cáncer, y aprovechó para criticar el “batifondo” que armaron los medios. “Nunca pensamos que podía escribirse tanta mentira”, deslizó. Para la Presidenta, la culpa de la mala información siempre es la voluntad negativa de que informa. Se mostró contrariada por lo que sintió como un desaire a su ensayo de apertura informativa, pero también dejó a la vista un hábito recurrente y defectuoso de su gestión: el poco afecto que siente por la autocrítica.

En cualquier actividad, cuando un equipo de trabajo no alcanza un objetivo es común revisar lo hecho y preguntarse si adoptar otro camino hubiera permitido llegar a un resultado diferente. Sus colaboradores debieron informar primero una noticia muy negativa y luego otra muy positiva, apelando únicamente a comunicados que no lograron despejar todas las dudas. La Presidenta está en todo su derecho a criticar lo publicado. Pero en una próxima oportunidad en la que esté dispuesta a priorizar la comunicación basada en el diálogo, podría probar si una conferencia de prensa abierta a todos los medios no le da mejor resultado.

Cristina también criticó a empresarios, gremialistas y opositores, usando -como es habitual- su propia ley del off side. En su relato, el que siempre queda bien parado es el Gobierno. La Presidenta no tiene problema en poner la pelota en donde sea necesario para que el resto quede en falta. Si frenar las avivadas empresarias es una obligación del Estado, no debería pasar por alto que el mercado del gasoil está prácticamente intervenido desde 2003. Si hubo una desinversión que provocó una caída en la producción de petróleo y gas, tampoco se la puede adjudicar a las políticas erradas del gobierno anterior, porque el actual lleva ocho años de ejercicio. Para que los aciertos tengan el reconocimiento que merecen, ayudará a que todos los temas se hablen sin doble discurso.

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