Para la Iglesia, la asignación "es un arma de doble filo"

La Iglesia comenzó a virar en su posición sobre los planes sociales. Tras la crisis de 2001 fue una de las principales impulsoras de las ayudas; ahora empezó a expresar su inquietud por la eventualidad de que su perpetuación afecte "la cultura del trabajo".

El presidente de la comisión de Ayuda a las Regiones Más Necesitadas del Episcopado y obispo de Añatuya, Rodolfo Uriona, consideró ayer "una buena noticia" el aumento de $ 220 a $ 270 la Asignación Universal por Hijo que dispuso el miércoles la presidente Cristina Fernández. Pero inmediatamente advirtió que esta ayuda corre el riesgo de convertirse en "un arma de doble filo, ya que puede llevar a que se caiga en el conformismo o la pérdida de entusiasmo por buscar un trabajo digno".

Uriona hizo la advertencia al presentar en rueda de prensa la colecta anual Más por Menos, que la Iglesia realizará este fin de semana en todo el país. Se sumó a otras en la misma línea que hicieron en las últimas semanas numerosos obispos en sus diócesis con ocasión de la festividad de San Cayetano, patrono del pan y del trabajo. Otro miembro de la comisión que organiza la colecta, que también participó del encuentro con los periodistas, el obispo de Goya, Ricardo Faifer, fue aún más crudo al decir que "muchos consideran que el acostumbramiento a los planes se está volviendo un gravísimo problema".

En ese sentido, Faifer consideró imperioso "buscar caminos para que no se pierda la cultura del trabajo y se genere empleo genuino".

De la Mesa de Diálogo que amparó la Iglesia durante la crisis de principios de siglo surgió el Plan para Jefes y Jefas de Hogar, financiado con dinero de las retenciones. Hace dos años, propuso públicamente una ayuda que apuntara a los menores.

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